Opinión. Martes, 13 de Enero, 2026
Siempre he respetado a Alfredo Pacheco por su origen en el antiguo barrio Obrero, actualmente denominado Cristo Rey. Sin embargo, tenemos el deber de hacerle un llamado para que revise sus declaraciones sobre la reforma al Código Laboral, pues consideramos que están completamente desfasadas.
Por tanto, nos permitimos establecer lo siguiente: advierto que nos limitaremos a hablar sobre la última fase de esta discusión, dejando de lado lo que en otros gobiernos se ha tratado desde el año 2001.
Primero: El lunes 26 de agosto de 2024, el presidente Luis Abinader, después de dos años de diálogo tripartito y más de 100 reuniones efectuadas en el Ministerio de Trabajo, anunció al país, con la presencia de los interlocutores empresariales, sindicales y gubernamentales, lo siguiente: “Someteré al Congreso Nacional los artículos del Código que fueron consensuados; en el caso de aquellos en que no hubo consenso, como la cesantía, serán parte de otra reforma”.
Este anuncio, hecho en La Semanal de ese día, fue resaltado por toda la prensa nacional, y lamentaría mucho que alguien con el nivel de Alfredo Pacheco no se haya enterado de esta información.
Segundo: El jueves 10 de octubre de 2024, el entonces ministro de Trabajo, licenciado Luis Miguel De Camps, depositó en el Senado de la República el referido anteproyecto de reforma y aclaró nuevamente que estaba depositando en el Congreso el proyecto de que se trata, dejando fuera del mismo los artículos no consensuados, siendo el primero de ellos, por supuesto, el más debatido: la
cesantía laboral. De igual modo, el actual ministro de Trabajo, licenciado Eddy Olivares, ha reiterado, sin dejar ninguna duda al respecto, su coherencia con la propuesta original enviada por el presidente de la República en la fecha señalada.
Tercero: En el Senado, la discusión se retomó desde la comisión escogida para esos fines. Es cierto que los senadores tocaron la cesantía en el artículo 86, sobre la “astreinte”; esto fue rechazado por las confederaciones sindicales y se pasó a la Cámara de Diputados.
Cuarto: En la Cámara de Diputados fue electa una comisión que retomó la discusión, y en esa comisión se eliminó la afectación a la cesantía que había hecho el Senado. Por tanto, el anteproyecto volvió a su origen, con la sola excepción de una diputada, Carmen Ligia Barceló, quien hizo pública su diferencia mediante la presentación de un anteproyecto distinto al enviado por el Poder Ejecutivo, sin el consenso que fue posible entre los interlocutores.
Quinto: ¿Cómo es posible que un veterano en las lides congresionales y políticas, como Alfredo Pacheco, se atreva a declarar, como lo ha hecho recientemente, que en la pasada legislatura el Código no fue aprobado por los desacuerdos entre empresarios y sindicatos? La verdad no es esa. Lo cierto es que, si se hubiese procedido a conocer la reforma tal como fue enviada, y en el caso eventual de que se produjeran correctivos, estos habrían sido para mejorar las imprecisiones que pudieron haberse producido en el diálogo tripartito. Ese pronunciamiento de Pacheco no lo estaríamos escuchando. Pero ocurre que no es así: la presión empresarial busca conseguir en el hemiciclo cameral lo que no pudo lograr en el diálogo tripartito ni en la Comisión de Diputados.
Sexto: Por último, hemos explicado en diversas ocasiones —y lo repetimos por enésima vez—, tanto para el señor Pacheco como para cualquier otro sector que no haya entendido con claridad, que el tema aquí no es de más diálogo. Ya hemos hablado por años y no nos hemos entendido. El movimiento sindical no está de acuerdo con ninguna variación del tema de la cesantía. Más de dos millones de trabajadores, incluyendo los informales, que también son cubiertos con algunas exenciones por este estatuto jurídico, serían afectados.
Agradeceríamos sobremanera que, antes de hacer un “tollo” con el Código, mejor se deje como está. Después de todo, este Código lo conocemos: tiene 33 años y, según los políticos, gobiernos y muchos opinantes, con él este país ha crecido.