Opinión. Lunes, 31 de Marzo, 2025
En medio de una aguda crisis económica que golpea a la población dominicana, el gobierno parece haber encontrado una fórmula conocida pero peligrosa: desviar la atención. El reciente escándalo en torno a FRIUSA, lejos de ser un tema de verdadera prioridad nacional, se presenta como una estrategia diseñada para mantener a la ciudadanía distraída, especialmente a una población ya muy sensibilizada y, en ocasiones, manipulada por la problemática de la migración haitiana descontrolada.
Mientras el país centra su mirada en un show mediático disfrazado de «defensa patriótica», las familias dominicanas sufren las consecuencias de un modelo económico que las asfixia. Los servicios públicos, cada vez más costosos y deficientes, agotan el presupuesto de los hogares, que deben lidiar con apagones, agua irregular, transporte caótico, inseguridad ciudadana y una educación pública en crisis.
A todo esto, se suma la alarmante depreciación del peso dominicano, con un dólar que ya sobrepasa los 63.30 pesos, encareciendo aún más la canasta básica y multiplicando la angustia de la población. La estabilidad económica que tanto prometió el gobierno del PRM se ha diluido en medio de aumentos continuos, falta de empleos de calidad y un panorama económico que genera desesperanza.
El tema haitiano, sin duda, es un asunto que requiere ser tratado con seriedad, profundidad y sin hipocresías. No obstante, es evidente que no se resolverá con discursos vacíos ni con montajes para encender las emociones. El patriotismo no puede ni debe limitarse a hablar solo de la presencia haitiana en territorio dominicano, mientras se oculta la verdadera debilidad del Estado: su incapacidad para garantizar bienestar, estabilidad y desarrollo para su propio pueblo.
En lugar de convertir cada noticia en un circo distractor, el gobierno debe enfrentar de frente la realidad económica que vive la nación. No se puede llamar a defender la patria cuando se empobrece y se abandona al pueblo dominicano. La verdadera defensa de la patria empieza por garantizarle dignidad a su gente, a los trabadores.