Opinión. Lunes, 24 de Febrero, 2025
El carnaval vegano, una de las expresiones culturales más vibrantes y auténticas de la República Dominicana, es una fiesta del pueblo, un espacio donde la alegría, la tradición y la creatividad se encuentran para celebrar nuestra identidad. Sin embargo, este año, la atención no solo se centró en los diablos cojuelos y las coloridas comparsas, sino también en la ostentosa llegada de algunos funcionarios y autoridades electas en lujosos elicópteros, un espectáculo que dejó un sabor amargo en muchos asistentes.
Resulta indignante que, mientras miles de ciudadanos luchan diariamente por cubrir sus necesidades básicas, representantes del gobierno hagan alarde de poder y privilegios, utilizando recursos del Estado para fines personales. Porque, aunque se intente disfrazar como «visitas oficiales» o «actividades culturales», la realidad es evidente: se trata de un abuso de los bienes públicos, pagados con el sudor de cada dominicano.
La pregunta que muchos se hacen es clara: ¿Era realmente necesario utilizar elicópteros, con el alto costo que implica su operación, para asistir a un evento de entretenimiento? ¿No podían llegar por tierra, como el resto de los ciudadanos a quienes dicen representar?
El uso irresponsable de los recursos públicos no solo refleja desconexión con la realidad de la población, sino también una falta de respeto por la confianza que el pueblo deposita en sus autoridades. Un funcionario debe ser ejemplo de austeridad, responsabilidad y servicio, no de lujo y vanidad.
El carnaval debería ser un espacio para disfrutar y fortalecer la identidad cultural, no para exhibir poder ni alimentar egos. Es hora de que las autoridades recuerden que su verdadero rol es servir, no servirse del Estado. Que el colorido de nuestras tradiciones no se vea opacado por la sombra de la impunidad y el despilfarro.
La ciudadanía merece respeto, y parte de ese respeto implica un manejo responsable y ético de los recursos que, al final del día, pertenecen a todos.