Opinión. Jueves, 15 de Enero, 2026
Es mi viejo consejo a quienes son nombrados para dirigir tal o cual institución pública: “Haga Usted todo lo posible (y parte de lo imposible) por dejar la institución mucho mejor que como la encontró. No asuma el cargo si no se le permite llevar con Ud. a su equipo de asistentes, (su Mercedita de Luis Rodolfo), un financiero de su confianza, y un buen abogado amigo, muy amigo suyo.”
A lo anterior, en tiempos de la sociedad de la información, y de unos logaritmos que alimentan la polarización y hasta fomentan la ignorancia que ahora es celebrada como nunca, porque Donald Trump se inventó que sus mentiras no son mentiras sino “verdades alternativas”; a esto, ya digo, hay que añadirle la comunicación política/estratégica/ y un equipo de redes sociales de put… madre, ágil, empoderado y capacitado para enfrentar a este nuevo mundo donde la verdad ya no es importante, porque a nadie importa, y porque en el ecosistema digital está todo, incluso y sobre todo lo que nunca ha ocurrido. (Aquí, la extorsión mediática, ya venció al sicariato asesino.)
Es la gran disyuntiva a la que se enfrenta cada presidente de la República. Del camino que elija dependerá el tratamiento que le dará la historia. Llegado el momento, cada mandatario tiene que elegir qué es más importante, si el partido político que lidera, al que nuestra cultura política ha enseñado que el Estado es un botín, y que quien aporta a las campañas, en realidad está haciendo una inversión.( Por eso, un gran líder empresarial dijo alguna vez: “los empresarios les damos a todos, votamos por uno, y estamos con el que gane”). O si,por el contrario, prefiere tener en su gobierno a profesionales de alto nivel y nombre propio, (militante o no) que, como es mi consejo, solo aceptarán ir al gobierno si los acompaña SU equipo.
Gentes hay al que un cargo le da prestigio. Otros prestigian el cargo.
En el caso del PRM todo se agrava, porque tanto sus directivos como el candidato presidencial de 2028 serán electos en unas primarias internas, por lo que el presidente y todos los aspirantes están sometidos a una gran presión.
He aquí, el gran dilema al que, en el intento de relanzar su gobierno en estos tiempos áridos, se enfrenta Luis Abinader: El estado como botín o como oportunidad de servir al país.