Opinión. Miercoles, 07 de Enero, 2026
Corria el año 1986 y Joaquín Balaguer había ganado las elecciones de mayo de ese año, una jornada épica, dónde el ya anciano expresidente, convertido de nuevo en presidente al ser asumido por un grupo de jóvenes, más como una consigna que como propuesta, para rescatar al país del mal gobierno del PRD, llegaba nueva vez al palacio nacional.
En su discurso se toma de posesión, Balaguer, el mejor tribuno de todos tiempos de la politica nacional, dejó para la posteridad su famosa frase sobre las razones que lo llevaron a asumir de nuevo la responsabilidad de gobernar el país, todo lo resumió en una expresión tan enigmática como personal: voy a hacer «el gobierno que soñé desde niño».
Soy de los que creo que ningún ser humano, excepto los que tienen dentro de si los peores sentimientos, asumen el reto de llegar a la presidencia de un país para hacerlo mal, para dejar a sus coterraneos con un sentimiento colectivo de frustración porque al final del mandato otorgado a uno de los suyos para gobernar la nación a nombre de todos, solo tenga la suma de lo que prometió y no hizo.
No tengo idea del gobierno que Luis Anibader pudo soñar cuando se planteó ser presidente de la República, solo los que han estado dentro de la actividad política partidista, puede entender el grado de sacrificio personal y familiar, la enorme cantidad de desengaños, que sumados a las frustraciones que conlleva la actividad política al nivel de ser candidato a la presidencia, cambian para siempre la personalidad de los que se atreven.
Estas reflexiones me surgen a partir de los nuevos cambios en el gobierno actual de la República Dominicana, creo que son una muestra de la frustración que tiene el actual presidente Luis Anibader con muchos de sus colaboradores más intimos, aquellos que lo acompañaron desde el principio en su sueño de llegar a ser el primero entre sus iguales.
La fenotipia de los nombrados y los sustituidos en áreas claves en los últimos tiempos, para nada se parece a la tradicionalidad de los políticos del PRD-PRM, uno partido madre y otro partido de gobierno, al parecer, nuestro presidente está frustrado por la actuación de un grupo de personas que lo acompañaron en la campaña de forma íntima, pero sus acciones no están alineadas con la construcción de su legado.
Varios de los ministerios más importantes del gobierno, algunos claves como Obras Públicas y Educación, están en manos de figuras de partidos aliados, después del desorden y falta de soluciones que implementaron el jefe de campaña del 2020, Roberto Fulcar, y el secretario de organización del PRM, Deligne Ascensión, al frente de esas respectivas carteras.
En el día de ayer los cambios en áreas tan importantes para el gobierno como Agricultura y Vivienda, son enviados Ito Bisono y Francisco Espaillat, tampoco del PRM, más ya había nombrado a Magin Díaz en Hacienda y en la más que importante consultoría juridica del poder ejecutivo a Jorge Subero Isa.
Y cuando faltan todavía 2 años y 8 meses de gobierno, yo me preguntó, ¿será que Luis Abinader está tratando ahora de montar el gobierno que soño cuando niño? O más aún, ¿está preparando ya su prometida salida el 16 de agosto del 2028?