×
ECO PLAY TRABAJOS DE INVESTIGACIÓN PROVINCIAS CONTÁCTENOS

El Ozama como espejo: pobreza abajo, abandono arriba

Por: Nicandro Jiménez

Opinión. Lunes, 09 de Febrero, 2026

El río Ozama tiene memoria. Y hoy, lo que recuerda —y devuelve— es abandono. En sus orillas no solo corre agua turbia: late la vida de miles de familias que han levantado sus hogares en sectores como La Barquita, Las Lilas, Puerto Rico y El Dique. Para estas comunidades, el río no es un paisaje ni un recurso; es una presencia permanente que oscila entre sustento y amenaza, y que revela una verdad incómoda: la pobreza que allí se concentra es el reflejo directo de la desidia institucional del Ayuntamiento de Santo Domingo Este.

Vivir a la orilla del Ozama se ha convertido en un ejercicio diario de supervivencia. No se trata de falta de voluntad ni de desinterés comunitario, sino de una lucha constante entre la resiliencia y el peligro. Familias trabajadoras conviven con el hedor de los desechos, con aguas contaminadas y con la incertidumbre que trae cada lluvia. Se les exige higiene donde el camión recolector casi nunca llega, se les pide orden donde el drenaje pluvial es una promesa vacía. La pobreza no es una elección; es la consecuencia de la ausencia sistemática del Estado, y en este caso, del gobierno local.

La crítica debe apuntar sin rodeos a quienes ostentan el poder. Señor alcalde, señores regidores: ¿cuándo fue la última vez que recorrieron estos callejones sin cámaras, sin caravanas, sin discursos de campaña? En tiempos electorales, Los Mina y sus barrios ribereños se convierten en territorio codiciado: abundan los abrazos, las fotos y las promesas de saneamiento integral. Pero pasada la contienda, estas comunidades vuelven a ser invisibles, reducidas a estadísticas incómodas que no caben en los informes oficiales ni en las rutas de los vehículos con aire acondicionado.

El Concejo de Regidores parece haber olvidado que su rol no es ornamental. Su deber es legislar para los más vulnerables y fiscalizar que el presupuesto municipal llegue a donde la urgencia es mayor. Sin embargo, los recursos no aparecen en los puntos críticos donde el río se traga la dignidad de la gente cada vez que crece su caudal. La acumulación de basura en las riberas del Ozama no es solo un problema de educación ciudadana; es la evidencia palpable de un sistema de recogida ineficiente y de una gestión que prioriza la fachada urbana mientras permite que el corazón de Los Mina se pudra lentamente.

Como sociedad, debemos despertar. El río es de todos, pero su gestión es responsabilidad de quienes elegimos para gobernar. No se les piden milagros, se les exige cumplimiento. Miles de familias viven con el alma en vilo cada vez que el cielo se oscurece, observando cómo el Ozama sube cargado de la basura que la Alcaldía no recogió, del abandono que nadie quiso enfrentar a tiempo. Si hoy el río refleja pobreza, es porque desde las oficinas municipales se proyecta una indiferencia imperdonable. Ha llegado la hora de que las autoridades limpien algo más que las calles visibles: que devuelvan dignidad, seguridad y un entorno sano a las familias que han sido olvidadas por demasiado tiempo.

La inteligencia artificial no miente, pero tampoco dice la verdad

Platón advertía que los seres humanos solemos confundir sombras con realidad. La inteligencia artificial no nos saca de la caverna, […]

PLD ante las alianzas electorales

El ex presidente de la República y principal líder del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Danilo Medina, al finalizar […]