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El verdadero arranque del año laboral

Por: Jeffrey Medina

Opinión. Lunes, 12 de Enero, 2026

La segunda semana laboral del año suele ser el punto donde la realidad se impone. Atrás quedaron los saludos, feliz año nuevo, los buenos deseos y el ritmo pausado de los primeros días. Ahora vuelven las agendas llenas, los correos acumulados, las metas por cumplir y la presión por “ponerse al día”. Es precisamente en este momento cuando los riesgos comienzan a aumentar, no porque el trabajo sea distinto, sino porque las personas regresan con la mente acelerada y, muchas veces, con la prevención en segundo plano.

En seguridad y salud en el trabajo, la experiencia demuestra que los incidentes no siempre ocurren en los momentos de mayor carga operativa, sino en esas fases de transición donde el cuerpo y la mente aún se están adaptando. La segunda semana laboral concentra distracciones, exceso de confianza y, en algunos casos, jornadas extendidas para recuperar el tiempo “perdido”. Todo esto crea un escenario propicio para errores, lesiones leves que luego se normalizan y decisiones apresuradas que pueden tener consecuencias mayores.

Este es un buen momento para hacer una pausa consciente. No una pausa improductiva, sino una pausa preventiva. Revisar cómo estamos trabajando, cómo están los equipos, si las condiciones del entorno siguen siendo seguras y si las personas realmente tienen claro cuáles son las prioridades. La prisa por cumplir objetivos no debería desplazar la obligación de proteger la vida y la salud.

Desde la mirada organizacional, la segunda semana laboral es ideal para reforzar mensajes clave. Recordar procedimientos, validar que los equipos de protección estén disponibles y en buen estado, confirmar que las rutas de evacuación no estén obstruidas, y que los planes de emergencia no sean solo documentos archivados. La prevención no necesita grandes discursos, necesita coherencia diaria.

A nivel individual, también es una semana crítica. Dormir mal, comer rápido, saltarse descansos o asumir cargas de trabajo excesivas pasa factura. El cansancio acumulado reduce la atención, aumenta la probabilidad de errores y eleva el riesgo de accidentes, tanto en el trabajo como en el trayecto. Cuidarse no es un lujo, es una responsabilidad laboral y personal.

En la República Dominicana, donde aún enfrentamos cifras preocupantes de accidentes laborales y de tránsito, comenzar el año con una actitud preventiva real marca la diferencia. No se trata de esperar a que ocurra un evento para reaccionar, sino de entender que la prevención efectiva se construye en semanas como esta, cuando el trabajo ya tomó velocidad.

La segunda semana laboral no debería ser sinónimo de estrés ni de improvisación. Puede y debe ser el momento para ajustar el ritmo, alinear expectativas y recordar que ninguna meta es más importante que regresar a casa sano y salvo. Porque el año apenas comienza, y la forma en que lo arrancamos suele definir cómo lo terminamos.

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