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ITLA y la persistencia de una cultura que tolera la corrupción

Por: Daniel Ortiz

Opinión. Viernes, 23 de Enero, 2026

Las denuncias de presuntas prácticas irregulares en el Instituto Tecnológico de las Américas (ITLA) no solo comprometen a una institución específica, sino que exponen con crudeza una realidad que la sociedad dominicana conoce bien: la corrupción sigue encontrando espacios fértiles incluso en entidades llamadas a formar a las futuras generaciones. La posibilidad de que empleados públicos hayan sido presionados para realizar aportes económicos con fines políticos, de confirmarse, constituiría una falta grave que trasciende lo administrativo y se adentra en el terreno de la degradación ética del Estado.

Aunque las autoridades del ITLA han negado cualquier instrucción institucional en ese sentido y han solicitado investigaciones formales, el daño a la confianza pública ya está hecho. La reiteración de este tipo de denuncias refuerza la percepción de que muchas instituciones reaccionan solo cuando el escándalo estalla, y no porque exista una convicción real de transparencia. La rendición de cuentas sigue siendo vista como una obligación impuesta desde fuera y no como un principio asumido de manera genuina.

Lo más inquietante es que estos hechos no pueden analizarse como un caso aislado. Forman parte de una cultura profundamente arraigada que normaliza el uso del poder, de los cargos y de las personas como instrumentos políticos. Esa lógica permea a toda la sociedad, sin distinción de edad: adultos que la reproducen y jóvenes que, al verla repetida, corren el riesgo de asumirla como parte natural del sistema. Cuando esto ocurre en un centro educativo, el mensaje es devastador.

El caso del ITLA obliga a una reflexión incómoda pero necesaria. No basta con investigaciones ni con comunicados defensivos; se requiere una ruptura real con prácticas que han erosionado la credibilidad institucional durante décadas. Mientras la sociedad siga tolerando la corrupción como un mal menor o inevitable, continuará reproduciéndose en los mismos espacios donde se supone que se construye el futuro del país.

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