Opinión. Miercoles, 14 de Enero, 2026
La escasez de turbinas de generación a gas natural es un fenómeno global que está sucediendo y que puede afectar la competitividad de los países a futuro.
Sin suficiente capacidad de generación termoeléctrica, los países tendrán dificultad para producir bienes, sostener su producción industrial y, especialmente, mantener encendidos los hogares.
En la actualidad, los principales constructores de turbinas de ciclo combinado a gas natural están trabajando a capacidad completa. Fabricantes como General Electric, Siemens y Mitsubishi no están tomando nuevos pedidos para construir turbinas antes de 2030.
Esto responde, fundamentalmente, al aumento en la construcción de plantas de generación en Estados Unidos, en previsión a un fuerte incremento de la demanda energética a partir de 2028. El principal causante de este aumento esperado de demanda es el mayor consumo de energía para centros de datos que soporten la inteligencia artificial, computación en la nube y, en el mediano plazo, la computación cuántica.
En este contexto, tener reservada la construcción de las turbinas es un punto crítico. Si el constructor de una generadora eléctrica no tiene asegurado el espacio o cupo de construcción de sus turbinas, no puede iniciar las obras civiles y menos lograr el cierre financiero o asegurar financiamiento. Sin turbinas, no hay electricidad.
De hecho, hay constructores de centrales eléctricas en Estados Unidos que están comprando, a un precio mucho mayor, las turbinas reservadas por otros constructores. Una suerte de mercado secundario informal.
República Dominicana, a diferencia de países como Jamaica, Puerto Rico o México, tiene la bendición de que hay tres proyectos de energía de base que tienen sus turbinas de ciclo combinado contratadas o reservadas (Manzanillo 1 y 2, y Generadora San Felipe II).
Sin embargo, esta ventaja competitiva se ve erosionada por los retrasos que estos proyectos presentan en su inicio de construcción y eventualmente inyectar energía al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI).
Los proyectos ya en construcción como Energía 2000, con una capacidad de 414 MW en Manzanillo, que se esperaba que entrara en producción a mediados de 2026, pero parece que lo hará a final de año, y Generadora San Felipe I, con 467 MW de capacidad instalada, que entraría a mediados de 2027, son los únicos que se visualizan pudieran aportar energía de base en los próximos dos años.
Los pendientes de iniciar construcción podrían presentar retrasos adicionales desde seis hasta 18 meses debido a la falta de firma de los contratos de conexión de gas natural y financiamientos, a pesar de estar estratégicamente ubicadas al lado de gasoductos y terminales.
No es fortuito que se hable de construcción de plantas a gas natural. Es importante recordar que los apagones que sufrió el país en el verano de 2025 no fueron un accidente ni culpa del calor. Fueron el resultado de una deficiente planificación del gobierno y en la tardanza de sacar las licitaciones para construir nuevas plantas. La falta de planificación y aprobación oportuna de nuevas unidades de generación provoca escasez de energía en momentos de alta demanda; exactamente eso ocurrió en el verano de 2025. La planificación inadecuada, ocurrida entre 2020 y 2023, impidió que se tuvieran operativas las plantas necesarias para cubrir la demanda eléctrica durante los meses más calientes de 2025.
En los próximos tres años podrían repetirse los apagones en los meses con picos de demanda, es decir, aquellos donde el calor hace que se enciendan los aires acondicionados y los abanicos durante todo el día. Esto se debe a retrasos de inicio de operaciones de los generadores termoeléctricos que están supuestos a inyectar energía al sistema entre 2026 y 2028.
De mantenerse esta situación, se estaría en peligro de que el sistema no tenga esta inyección de energía barata y crucial en 2027.
En ese sentido, sería importante agilizar los trabajos para finalizar la construcción de las plantas generadoras que pudiesen entrar antes de 2028, en específico las Manzanillo y Generadora San Felipe II.
Ambas cuentan con las aprobaciones necesarias para iniciar producción, tanto medioambientales como de venta de energía. No hacerlo genera un horizonte sombrío: más apagones en los próximos años, y la obligación de usar plantas más contaminantes y caras como las barcazas.