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Orar también es actuar

Por: Andrés A. Aybar Báez

Opinión. Miercoles, 25 de Marzo, 2026

Hay momentos en la historia en los que los pueblos, aunque distantes del conflicto, sienten el peso de la guerra como si les tocara la puerta de su propia casa.

Hoy, desde la República Dominicana, vemos un mundo convulsionado. Tensiones entre potencias, un Medio Oriente nuevamente encendido, orgullos heridos, decisiones cargadas de poder… y, como siempre, los inocentes pagando el precio más alto.

Nosotros, como país pequeño, no tenemos capacidad de incidir en esos tableros geopolíticos donde se mueven piezas grandes. No decidimos resoluciones, no desplegamos ejércitos, no trazamos estrategias globales. Pero eso no significa que estemos completamente al margen.

Porque hay una dimensión que el mundo moderno subestima… y es la espiritual.

Cuando el ruido de las armas ahoga la razón, cuando la arrogancia del poder desplaza la prudencia, cuando los liderazgos se endurecen en posiciones irreconciliables… el espacio de Dios comienza donde termina la soberbia humana.

Y ahí, aunque muchos no lo comprendan, los pueblos también pueden actuar.

Orar no es evadir la realidad.
Orar es enfrentarla desde otro plano.

Es reconocer que hay situaciones que han superado la capacidad del hombre para resolverlas con inteligencia, diplomacia o fuerza. Es aceptar que, en determinados momentos, solo la intervención divina puede ablandar corazones, iluminar decisiones y evitar tragedias mayores.

Lo que ocurre hoy entre naciones como Israel, Irán y los Estados Unidos no es un simple conflicto más. Es una acumulación histórica de tensiones, identidad, orgullo, fe, territorio y poder que viene arrastrándose por siglos. Y eso lo hace aún más complejo… y más peligroso.

Desde aquí, desde esta isla bendecida pero también vulnerable a los efectos colaterales de cualquier crisis global —económicos, energéticos, sociales—, lo mínimo que podemos hacer, pero también lo más poderoso, es elevar una oración sincera.

Una oración sin bandos.
Una oración por la paz.
Una oración por la humildad de los líderes.
Una oración por los inocentes que no eligieron esta realidad.

Porque al final, la historia nos ha demostrado algo simple pero contundente:
ninguna victoria basada en el sufrimiento perdura… y ningún poder es más grande que la voluntad de Dios.

En esta semana previa a la Semana Santa, donde se nos invita a reflexionar sobre el sacrificio, el perdón y la redención, quizás el mayor acto de responsabilidad colectiva que podemos ejercer como dominicanos no es opinar más… sino orar mejor.

Con fe.
Con humildad.
Y con la esperanza de que, donde el hombre ha complicado todo, Dios todavía puede ordenar el camino.

Porque sí…
aunque el mundo no lo vea,
orar también es actuar. 🙏

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