Opinión. Lunes, 09 de Marzo, 2026
La reciente adhesión de la República Dominicana a la coalición regional denominada “Escudo de las Américas” ha abierto un debate sobre el papel que jugará el país dentro de esta estrategia impulsada por Estados Unidos para combatir el narcotráfico en la región. El acuerdo, presentado en una cumbre celebrada en Miami y convocada por el expresidente estadounidense Donald Trump, reunió a varios países de la región con el propósito de fortalecer la cooperación militar y de seguridad frente al crecimiento de las redes del narcotráfico.
En representación del país participó el presidente Luis Abinader, quien respaldó la iniciativa como parte de los esfuerzos regionales para enfrentar el crimen organizado. Sin embargo, más allá del gesto diplomático y del compromiso con la seguridad hemisférica, surge una interrogante fundamental: ¿qué gana realmente la República Dominicana con esta coalición militar?
La República Dominicana no es un país productor de drogas ni un centro de manufactura de estupefacientes. Su rol dentro del mapa del narcotráfico internacional ha sido, principalmente, el de territorio de tránsito debido a su posición geográfica estratégica en el Caribe. En otras palabras, el país suele ser utilizado como puente para el traslado de drogas provenientes de Sudamérica, especialmente desde naciones como Colombia, con destino final hacia Estados Unidos y Europa.
En ese contexto, la participación dominicana en una coalición como el “Escudo de las Américas” nos lleva a preguntarnos ¿Cuál es el beneficio? La realidad es que gran parte de las drogas que se incautan en territorio dominicano tienen como destino principal el mercado estadounidense, por lo que entiendo que en la práctica, la República Dominicana está asumiendo una carga que responde principalmente a un problema de consumo en Estados Unidos, no en su territorio.
La lucha contra el narcotráfico es, sin duda, una responsabilidad compartida entre las naciones. No obstante, cualquier acuerdo internacional debe evaluarse también desde la perspectiva del interés nacional. Más allá de la cooperación y de la diplomacia, el país debe preguntarse si esta coalición traerá beneficios concretos, como mayor inversión en seguridad, tecnología para vigilancia marítima y aérea, o apoyo para fortalecer sus instituciones de justicia.
El desafío, entonces, no es solo participar en alianzas internacionales, sino garantizar que estas contribuyan de manera tangible al fortalecimiento de la seguridad y la soberanía del país. La República Dominicana no puede limitarse a ser un punto de contención para el narcotráfico destinado a otros mercados. Debe asegurarse de que su papel dentro del “Escudo de las Américas” se traduzca en beneficios reales para su estabilidad institucional, su seguridad nacional y el bienestar de su población.