Opinión. Miercoles, 26 de Febrero, 2025
Este lunes, el presidente Luis Abinader juramentó a Yeni Berenice Reynoso como nueva procuradora general de la República, convirtiéndola en la cuarta mujer en ocupar esta posición. El acto tuvo lugar en el Salón de Embajadores del Palacio Nacional, y con su elección, Reynoso sucederá a Germán Brito, quien ha dirigido la Procuraduría General de la República (PGR) desde el 16 de agosto de 2020.
Reynoso fue propuesta para el cargo por Abinader en una reunión con los demás miembros del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), donde, además de presentar su candidato para la PGR, también se debían proponer los siete procuradores adjuntos.
Nacida en Luperón, Puerto Plata, Yeni Berenice Reynoso, de 44 años, inició su carrera en el sistema judicial con tan solo 17 años como paralegal en la Cámara Penal de la Corte de Apelación y en la Fiscalía de Santiago. En 2005, ingresó a la Escuela Nacional del Ministerio Público, donde se destacó por su excelencia académica y su capacidad litigante. Su trayectoria ha estado marcada por logros significativos, incluyendo haber sido la primera mujer en la historia de Santiago en ocupar el cargo de fiscal del Distrito Nacional, y la persona más joven en asumir esa posición en todo el país, con apenas 27 años.
Para quienes siguen la agenda pública y mediática, no es un secreto que su carrera ha estado marcada por fuertes polémicas. Sus posturas firmes y su labor en casos de alto perfil le han generado tanto críticas como una gran admiración por parte de diversos sectores de la sociedad. Su desempeño en la persecución de la corrupción, la lucha contra la violencia de género, el combate a la trata de personas y la guerra contra el narcotráfico han fortalecido su imagen y sin duda han influido en su reciente designación.
Con su elección unánime como procuradora general de la República, la denominada «fiscal de hierro» recibe un voto de confianza crucial para liderar una de las instituciones más importantes del país. Sin embargo, su designación no es un simple cambio de figura, sino que representa un reto monumental en un sistema judicial que enfrenta serios desafíos.
Ahora, Reynoso tendrá que definir sus objetivos para los próximos dos años de gestión. La lucha contra la impunidad y el combate continuo a la corrupción deben ser sus principales prioridades, sin descuidar las deficiencias estructurales del sistema judicial que afectan la credibilidad institucional.
Uno de sus mayores desafíos será lograr una administración de justicia ágil y eficaz, garantizando que el acceso a la justicia no solo sea un derecho constitucional, sino también un instrumento para alcanzar la paz social y el respeto a la dignidad humana.
En el ámbito de la violencia de género, su gestión será clave para fortalecer la persecución de los agresores. Las cifras siguen en aumento, y el sistema judicial debe actuar desde las primeras denuncias, asegurando protección real y efectiva a las víctimas.
Reynoso también ha sido una defensora de la modernización del sistema procesal penal y de la recuperación de la confianza ciudadana en la justicia dominicana. Su papel ahora no solo será continuar con esa lucha, sino demostrar con hechos que la justicia puede y debe ser independiente.
Mucha suerte, magistrada. Estaremos atentos.