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Semana Santa la decisión que define si vuelves

Por: Jeffrey Medina

Opinión. Viernes, 27 de Marzo, 2026

La Semana Santa 2026 en República Dominicana inició el domingo 29 de marzo y se extenderá hasta el domingo 05 de abril, un período marcado por la reflexión espiritual, el recogimiento familiar… pero también, lamentablemente, por un incremento significativo de los riesgos asociados a la movilidad, el consumo y la exposición a entornos naturales.

Las cifras más recientes nos obligan a detenernos y pensar. Durante el operativo de Semana Santa 2025, según datos del COE, se registraron 166 accidentes de tránsito, de los cuales 145 involucraron motocicletas, confirmando una realidad que se repite año tras año. En este mismo período, 23 personas perdieron la vida, todas por accidentes de tránsito, mientras que se reportaron 182 intoxicaciones por alcohol (incluyendo menores de edad) y 78 intoxicaciones alimentarias.

Si ampliamos la mirada, el comportamiento histórico no deja espacio para la complacencia: en 2024 hubo 27 fallecidos y más de 200 accidentes, y en 2023 la cifra de muertes alcanzó las 30.

La tendencia es clara: no estamos ante hechos aislados, sino ante un patrón de riesgo que se repite cada año, y la diferencia entre una Semana Santa de descanso o una tragedia, muchas veces, está en decisiones individuales.

Porque, como bien se ha reflexionado en otros espacios, la prevención no es una opción… es una responsabilidad colectiva.

Todo comienza antes de encender el vehículo. Planificar la ruta, verificar el estado del tránsito y contar con asistencia vial (hoy disponible a través del 511 RD Vial) no es un lujo, es una necesidad. Informar a familiares sobre el destino, evitar sobreexposición en redes sociales y asegurar la vivienda son medidas básicas de autoprotección que muchas veces se subestiman.

Desde el punto de vista técnico, el vehículo debe ser evaluado como un sistema crítico: frenos, neumáticos, luces, batería y niveles de fluidos deben estar en condiciones óptimas. En el contexto del Reglamento 522-06, esto no solo es una recomendación, sino una extensión de la gestión preventiva fuera del entorno laboral.

La mayoría de las tragedias no ocurren por falta de conocimiento, sino por exceso de confianza. Conducir de día, usar siempre el cinturón de seguridad, evitar distracciones y respetar las señales de tránsito son prácticas conocidas… pero poco aplicadas.

Hay un dato que no podemos ignorar: las motocicletas representan el principal factor de riesgo en los accidentes durante Semana Santa. Esto obliga a reforzar el uso de casco, la conducción defensiva y la reducción de velocidad.

La fatiga también juega un papel determinante. Paradas cada dos horas, hidratación adecuada y descanso previo al viaje pueden marcar la diferencia entre llegar o no.

Hay una regla que no admite excepciones: alcohol y conducción no se mezclan.

Las carreteras no son el único peligro. Los balnearios representan otro foco crítico. Cada año, las asfixias por inmersión nos recuerdan que nadar en lugares no autorizados o sin supervisión es una decisión de alto riesgo.

A esto se suma el consumo de alcohol y alimentos en condiciones inadecuadas. Las intoxicaciones, lejos de ser eventos menores, pueden escalar rápidamente a emergencias médicas.

La supervisión de niños y adultos mayores debe ser constante. En entornos concurridos o cerca del agua, un descuido de segundos puede convertirse en una tragedia irreversible.

Cada Semana Santa pone a prueba no solo a los ciudadanos, sino también a los equipos de respuesta: COE, Defensa Civil, bomberos, personal de salud. Equipos que, muchas veces, operan bajo presión, con recursos limitados y con una carga emocional acumulada de eventos anteriores.

Por eso, más allá de las campañas y operativos, hay una verdad que debemos asumir: la mejor forma de honrar ese esfuerzo es no generar emergencias evitables.

La prudencia no es debilidad. Es conciencia. Es liderazgo personal. Es cultura preventiva aplicada en la vida diaria.

Esta Semana Santa 2026 no tiene por qué repetir la historia. Tenemos la información, tenemos la experiencia… lo único que falta es la decisión.

Porque al final, no se trata de llegar más rápido, ni de disfrutar más intensamente.
Se trata de algo mucho más importante: volver.

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