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Trabajar desde casa no significa vivir trabajando

Por: Jeffrey Medina

Opinión. Lunes, 02 de Febrero, 2026

El teletrabajo se ha consolidado en la República Dominicana como una modalidad laboral cada vez más frecuente, especialmente en sectores como los servicios financieros, asegurador, la tecnología, la educación y algunas áreas del sector público. Sin embargo, junto con la flexibilidad y la comodidad que promete, ha emergido un riesgo silencioso que amenaza la salud de miles de trabajadores: el fenómeno de “estar siempre disponible”.

Correos que llegan fuera del horario laboral, mensajes de WhatsApp a altas horas de la noche, reuniones virtuales sin pausa y la expectativa implícita de responder de inmediato han convertido el hogar en una extensión permanente de la oficina. Esta hiperconectividad, lejos de mejorar la productividad, se ha transformado en uno de los principales factores de agotamiento laboral, estrés crónico y deterioro de la salud mental en el teletrabajo.

En la práctica, muchos trabajadores dominicanos han perdido la frontera entre el tiempo laboral y la vida personal. La jornada no termina cuando se apaga la computadora, porque el celular sigue activo y la presión por “estar disponible” permanece. Esta situación genera fatiga mental, trastornos del sueño, irritabilidad, ansiedad y una disminución progresiva de la capacidad de concentración. A mediano y largo plazo, el impacto se traduce en bajo rendimiento, desmotivación, ausentismo y, en los casos más graves, síndrome de burnout.

Desde el punto de vista de la Seguridad y Salud en el Trabajo, este fenómeno no puede verse como un asunto individual ni como una simple falta de organización personal. Se trata de un riesgo psicosocial claramente identificado, que debe ser gestionado por las empresas al igual que cualquier otro riesgo laboral. El hecho de que el trabajo se realice desde casa no elimina la responsabilidad del empleador de proteger la salud de sus colaboradores, tal como lo establecen el Reglamento 522-06 y los principios generales de prevención aplicables en la República Dominicana.

La cultura de la disponibilidad permanente también tiene consecuencias organizacionales. Equipos agotados toman peores decisiones, cometen más errores y pierden creatividad. Además, se deteriora el clima laboral y se normalizan prácticas que, lejos de ser eficientes, terminan afectando la sostenibilidad del negocio. La productividad no se mide por cuántas horas una persona está conectada, sino por la calidad de los resultados obtenidos.

Mitigar este riesgo es posible, pero requiere un cambio de enfoque. El primer paso es reconocer que la desconexión digital no es un privilegio, sino una necesidad para preservar la salud física y mental. Las organizaciones deben establecer políticas claras de teletrabajo que definan horarios, canales de comunicación y tiempos de respuesta razonables. No todo es urgente, y no todo requiere atención inmediata.

La formación juega un rol clave. Capacitar a líderes y colaboradores en gestión del tiempo, riesgos psicosociales y uso saludable de la tecnología ayuda a romper la falsa creencia de que estar siempre disponible es sinónimo de compromiso. Asimismo, promover pausas activas, reuniones más eficientes y espacios reales de descanso contribuye a reducir la fatiga acumulada.

Desde la perspectiva del trabajador, también es fundamental asumir un rol activo: establecer rutinas, delimitar horarios, crear un espacio de trabajo definido y aprender a desconectarse sin culpa. El equilibrio entre vida personal y laboral no ocurre por casualidad; se construye con reglas claras y acuerdos respetados.

Los profesionales de Seguridad y Salud en el Trabajo tienen aquí un desafío estratégico. Evaluar los riesgos psicosociales asociados al teletrabajo, asesorar a las empresas, monitorear indicadores de fatiga y promover una cultura preventiva orientada al bienestar ya no es opcional. Es una condición indispensable para que el teletrabajo sea sostenible en el tiempo.

El teletrabajo llegó para quedarse, pero no puede sostenerse sobre el agotamiento silencioso de quienes lo hacen posible. Normalizar la disponibilidad permanente es normalizar el desgaste. Proteger la desconexión es proteger la salud, la productividad y la dignidad del trabajo. En la República Dominicana, el verdadero reto no es trabajar desde casa, sino aprender a hacerlo sin vivir permanentemente conectados al trabajo.

 

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