Opinión. Jueves, 19 de Febrero, 2026
En la República Dominicana, muchos siguen creyendo que las elecciones se ganan con caravanas multitudinarias, vallas estratégicamente colocadas y jingles publicitarios pegajosos.
Otros permanecen aferrados al viejo modelo construido sobre tres pilares: liderazgo carismático, estructuras territoriales y movilización masiva.
Realizan grandes inversiones de tiempo y dinero para garantizar la presencia de dirigentes intermedios y de base, pero no cuentan con mapas electorales actualizados, que identifiquen: zonas fuertes, zonas débiles y zonas competitivas con precisión aritmética.
Por esa razón vemos que se distribuye la logística en función del entusiasmo o de la cercanía política, no en función del rendimiento electoral confirmado.
Otro elemento preocupante que persiste, es la falta de diferenciación estratégica del mensaje. Regularmente la narrativa general sustituye al mensaje segmentado. Pero resulta, que el elector dominicano ya no responde con homogeneidad:
* Un elector duro requiere logística de transporte.
* Un elector blando necesita reafirmación emocional.
* Un indeciso demanda argumentos concretos, y
* Una abstencionista exige incentivos claros para poder participar.
Convencer no es lo mismo que movilizar, y movilizar no es lo mismo que persuadir.
La micro-segmentación no es un concepto teórico. Permite identificar con precisión quirúrgica dónde se gana, se pierde o se puede crecer en términos electorales. Las elecciones se definen en colegios electorales específicos.
Cuando las elecciones son competitivas y la diferencia entre el ganador y el perdedor es inferior a dos puntos porcentuales, la improvisación no es un error menor; es un suicidio estratégico. Una campaña electoral sin micro-segmentación es activismo; pero, con una correcta micro-segmentación, es ingeniería electoral.
Que Dios bendiga a la República Dominicana.