Sin Categoria. Jueves, 02 de Diciembre, 2021
Por Jenniffer De Los Santos
La pandemia del coronavirus ha cambiado al mundo en todos los sentidos y ha cobrado la vida de millones de personas.
Hoy día, gracias a la ciencia se encontró la vacuna que contrarresta los efectos de este virus sin precedente y podemos decir que tenemos mayor probabilidad de que si nos contagiamos los síntomas serán leves.
Recuerdo que cuando el Covid-19 fue detectado en República Dominicana el 1 de marzo del 2020, estábamos atemorizados y llenos de incertidumbre al ver en otros países tantas personas contagiadas y otras que desgraciadamente no superaron el virus.
La pregunta en ese entonces, era ¿Cuándo los especialistas encontraran la cura?
Sin embargo, actualmente un grupo de personas mantienen una actitud absurda ante la aplicación de la vacuna por ignorancia y por poner la “fe” por encima de cualquier avance científico.
Estos creyentes argumentan que Dios es la cura ante cualquier enfermedad y él (Dios) cuida a sus hijos para que no se infecten.
Y me pregunto: ¿ Los que se han muerto a causa del Covid-19 no eran hijos de Dios y por eso merecían morir?
¿Los religiosos que se han contagiado y han perdido la batalla no tenían suficiente fe en Jesucristo?
Me atrevo a decir que en muchas ocasiones la fe es utilizada de forma selectiva. La vacuna no se inventó en estos casi dos años que tiene la pandemia. Esta se creó hace muchos años y han sido muchas las vacunas que se han aplicado para prevenir enfermedades como la influenza, la viruela, la varicela, el sarampión, el tétano, etc.
Todo lo que existe en el mundo tiene su razón de ser. Dios creó al hombre, a la mujer y su entorno para que a través del uso de la razón el ser humano busque las soluciones que estén a su alcance para sobrevivir.
No debemos quedarnos con los brazos cruzados a esperar el milagro divino sin hacer el mínimo esfuerzo.
Lo cierto es que debemos tener fe y la certeza de que a medida que las personas se inoculen, más rápido saldremos de esta pesadilla que ha limitado poder reunirse y abrazar libremente a sus familiares y amigos.