Opinión. Friday, 04 de September, 2026
Cuando una persona asume una nueva responsabilidad, es lógico que dedique los primeros días a conocer, reunirse, escuchar y establecer contactos. Las visitas institucionales pueden ser importantes para crear puentes y conocer el terreno.
Pero todo tiene un límite.
Después de dos semanas de reuniones, visitas y encuentros, llega el momento de pasar de las fotografías y los saludos a la acción.
La ciudadanía no espera solamente una agenda llena de reuniones. Espera resultados, soluciones y respuestas concretas a los problemas que afectan diariamente a la población.
Gobernar, dirigir o administrar una responsabilidad pública no puede reducirse a visitar despachos y estrechar manos. El verdadero liderazgo se demuestra cuando se identifican los problemas, se establecen prioridades y se comienza a trabajar para resolverlos.
Hay mucho que hacer.
Hay comunidades que necesitan atención, problemas que requieren seguimiento, proyectos que deben ejecutarse y situaciones que no pueden esperar indefinidamente.
Las reuniones deben servir para algo: establecer compromisos, definir responsabilidades y producir resultados.
El funcionario que acaba de llegar tiene una oportunidad extraordinaria para demostrar capacidad, pero esa capacidad no se mide por la cantidad de visitas realizadas, sino por las acciones emprendidas y los resultados obtenidos.
Ya basta de visitas.
El país necesita menos fotografías y más trabajo; menos reuniones protocolares y más soluciones; menos discursos y más resultados.
Porque los cargos públicos no se reciben para ocupar una oficina.
Se reciben para servir, trabajar y responderle a la gente.
Por Luis Padilla