Opinión. Friday, 04 de September, 2026
La economía dominicana enfrenta una realidad que obliga a mirar más allá de las cifras oficiales de crecimiento. Los datos presentados en estos cuadros describen una economía que, durante los últimos seis años, ha crecido a un promedio de apenas 3.4%, por debajo de su potencial histórico estimado en torno al 5%.
El problema, por tanto, no es solamente cuánto crece la economía, sino cómo crece, dónde se concentra ese crecimiento y qué tan sostenible resulta.
El comportamiento de los últimos años evidencia una trayectoria marcada por la volatilidad. Después del desplome de -7.9% en 2020, provocado por la pandemia, el crecimiento de 2021 no puede interpretarse simplemente como una expansión económica genuina. Se trató, en buena medida, del rebote estadístico producido por la comparación con el año excepcionalmente negativo de 2020.
De hecho, según la información presentada en el cuadro, de ese extraordinario crecimiento de 2021, estimado en 12.3%, apenas 4.3 puntos porcentuales corresponderían a crecimiento orgánico real. La diferencia revela la dimensión del efecto rebote.
A partir de entonces, la economía vuelve a mostrar dificultades para mantener un ritmo consistente: 4.9% en 2022, 2.4% en 2023, 5.0% en 2024 y apenas 2.1% en 2025. Es decir, lejos de consolidarse una expansión sostenida, aparece una economía que avanza a saltos y vuelve a desacelerarse.
El problema es la calidad del crecimiento
El segundo cuadro resulta todavía más revelador.
Casi la mitad del crecimiento promedio del valor agregado entre 2020 y 2026 se explica por apenas tres actividades: hoteles, bares y restaurantes; comercio; y construcción.
El turismo aparece con una incidencia de 0.71, el comercio con 0.60 y la construcción con 0.58. Juntos representan una parte extraordinariamente significativa del impulso económico.
Esto plantea una pregunta fundamental: ¿estamos ante una economía suficientemente diversificada y productiva o ante una economía excesivamente dependiente de determinados motores?
El turismo es, sin dudas, una de las grandes fortalezas de la República Dominicana. Pero una economía moderna no puede descansar fundamentalmente en el consumo, la construcción y los servicios turísticos mientras otros sectores estratégicos permanecen con una participación relativamente limitada.
La industria manufacturera registra una incidencia de 0.37; transporte y almacenamiento, 0.35; actividades financieras y de seguros, 0.23; agricultura, 0.19; y otras actividades importantes presentan contribuciones todavía menores.
Más preocupante resulta que explotación de minas y canteras aparece con incidencia negativa (-0.06).
De la vanguardia a la retaguardia regional
El tercer cuadro introduce otro elemento que no puede ignorarse.
En 2025, República Dominicana habría crecido alrededor de 2.1%, colocándose por debajo del promedio regional estimado en 2.4% y por debajo de varios países de Centroamérica y el Caribe.
Esto es particularmente significativo porque durante años la República Dominicana fue presentada como una de las economías de mayor crecimiento de América Latina.
El contraste obliga a cambiar la pregunta.
Ya no basta con preguntar si la economía dominicana crece. Hay que preguntar:
¿Por qué está creciendo menos que antes? ¿Por qué está creciendo por debajo de su potencial? ¿Por qué el crecimiento se concentra en pocos sectores? ¿Y por qué ese crecimiento no está generando una expansión más robusta y equilibrada de la economía?
El verdadero desafío
Los números sugieren que el país necesita pasar de una economía basada principalmente en el rebote, el consumo, la construcción y el turismo, hacia una estructura productiva con mayor peso de la industria, la agropecuaria, la innovación, las exportaciones y las actividades de mayor productividad.
Porque crecer al 3.4% promedio cuando el potencial histórico ronda el 5% significa dejar una parte importante de la capacidad económica del país sin utilizar.
Y hay una conclusión política inevitable:
Una economía puede presentar crecimiento y, al mismo tiempo, estar perdiendo dinamismo.
𝓜𝓪𝓷𝓾𝓮𝓵 𝓑𝓻𝓲𝓽𝓸
𝑨𝒃𝒐𝒈𝒂𝒅𝒐/Periodista
𝑻𝒊𝒕𝒖𝒍𝒂𝒓 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝑺𝒆𝒄𝒓𝒆𝒕𝒂𝒓í𝒂 𝒅e 𝑨𝒆𝒓𝒐𝒏á𝒖𝒕𝒊𝒄𝒂 𝑪𝒊𝒗𝒊𝒍