Opinión. Monday, 19 de October, 2026
Este domingo, Santo Domingo volvió a convertirse en escenario de una de las experiencias deportivas más exigentes: aproximadamente 5,000 mil corredores enfrentándose a distancias de 5, 10, 21 o 42 kilómetros, cada una con demandas físicas diferentes, pero con algo en común: el esfuerzo no termina necesariamente cuando se cruza la meta.
Detrás de una competencia de esta naturaleza existe una operación de seguridad que muchas veces pasa inadvertida para quien corre. Antes de la salida deben analizarse riesgos, distribuirse los recursos de respuesta, establecer mecanismos de comunicación, prever accesos para las unidades de emergencia, disponer atención prehospitalaria, además de mantener capacidad para movilizar esos recursos conforme avanza la competencia. Precisamente, el dispositivo implementado durante el Maratón de Santo Domingo contempló estos elementos bajo un enfoque preventivo, con cobertura durante las diferentes fases del recorrido.
Durante una carrera pueden presentarse deshidratación, mareos, agotamiento, calambres, alteraciones musculares, vómitos, disminución de la presión arterial, síncope, caídas o lesiones menores, situaciones que no necesariamente significan que un evento haya sido inseguro; por el contrario, en competencias de resistencia la verdadera diferencia está en haber previsto que pueden ocurrir, detectarlas oportunamente, disponer de personal preparado para intervenir, además de contar con capacidad de traslado cuando resulte necesario. Estas fueron precisamente algunas de las condiciones contempladas durante la jornada.
El Maratón de Santo Domingo estuvo a la altura de ese desafío. La seguridad no consistió solamente en tener recursos disponibles, sino en mantener coordinación, comunicación permanente, cobertura distribuida, capacidad de movilización, además de atención en la zona de meta, precisamente uno de los puntos donde el organismo comienza a manifestar las consecuencias del esfuerzo acumulado.
Sin embargo, existe otra parte de la seguridad que depende del corredor. Quitarse la medalla, tomarse la fotografía o regresar a casa no significa que el organismo se haya recuperado. Después de completar 5K o 10K conviene continuar caminando suavemente durante algunos minutos, hidratarse de forma progresiva, alimentarse adecuadamente, descansar, además de observar cómo responde el cuerpo. Quienes completan 21K o 42K deben prestar todavía mayor atención a la recuperación, evitando esfuerzos intensos posteriores, priorizando líquidos, alimentación, descanso, recuperación muscular gradual, sin convertir el dolor intenso en algo que simplemente “hay que aguantar”.
Especial atención merecen las señales de alarma posteriores a la carrera. Dolor en el pecho, dificultad respiratoria desproporcionada, desmayo, confusión, vómitos persistentes, debilidad extrema, alteración importante del estado de conciencia, dolor muscular severo acompañado de orina muy oscura o cualquier condición que empeore en lugar de mejorar justifican buscar valoración médica. Ser buen corredor también significa saber cuándo el cuerpo está pidiendo detenerse.
La distancia importa, la preparación importa, la hidratación importa, pero también importa comprender que la recuperación forma parte de la competencia. Un 5K puede representar un esfuerzo considerable para una persona poco entrenada, mientras que un maratonista preparado puede enfrentar demandas completamente diferentes durante 42 kilómetros; por eso, escuchar al organismo continúa siendo una de las herramientas preventivas más importantes.
Un evento deportivo seguro no es aquel donde nada sucede, porque pretender eliminar completamente la posibilidad de una emergencia sería irreal. Un evento seguro es aquel que identifica lo que podría ocurrir, se prepara para responder, dispone de recursos adecuados, actúa oportunamente, aprende de cada situación.
La seguridad de un maratón comienza mucho antes del disparo de salida, acompaña al corredor durante cada kilómetro, continúa después de cruzar la meta. Porque llegar es importante, pero llegar bien siempre será la verdadera victoria.
Por Jeffrey Medina