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El PRM decidirá entre la ética de Manuel y el pragmatismo de Dío Astacio

Opinión. Tuesday, 20 de October, 2026

¿A qué diantres dedicará su tiempo el actual alcalde de Santo Domingo Este, que hasta la fecha de nacimiento de esta demarcación se le ha traspapelado de la memoria? Aparte de cultivar su conocida fascinación por las serpientes, buscar likes desvelados en las redes sociales y encabezar sus principales periplos comerciales a altas horas de la madrugada, nadie atina a saber en qué se consume la agenda municipal.

Los perremeístas de rancia estirpe perredeísta, aquellos que aún valoran la figura de Peña Gómez, se han sentido profundamente agraviados. Les escuece que el edil haya pasado por alto que Santo Domingo Este fue gestado mediante la Ley No. 163-01, promulgada el 16 de octubre de 2001, época en que los líderes fundadores de esa parcela política conducían los destinos de la nación con otras siglas. Se trata de una fecha solemne que cualquier autoridad sensata conmemora por elemental respeto a la historia de su propia institucionalidad.

La única parada conmemorativa de aquel hito histórico corrió por cuenta del exalcalde Manuel Jiménez, quien desde el bar de Chencha rindió tributo a las figuras legendarias que hicieron posible la creación del municipio que hoy encabeza Dío Astacio.
Este episodio constituye el botón de muestra más fresco sobre los dos modelos antagónicos que habrán de colisionar en la contienda interna del PRM por la candidatura local. Esos detalles, aparentemente menores, alzan el velo entre quien concibe la función pública como un botín para el ascenso personal y quien la entiende como un ejercicio de patriotismo y servicio.

Si esa muestra no bastase, cabe refrescar la memoria. A la llegada de Manuel Jiménez en el 2020, encontró a un contralor municipal que había ganado su plaza años atrás mediante concurso público y con una filiación política opuesta a la suya. Jiménez respetó esa decisión institucional porque no le temía al escrutinio de un técnico independiente.

Sin embargo, el actual incumbente prefirió desestimar el mandato del artículo número 154 de la Ley 176-07. Dichos enunciados disponen con meridiana claridad que el nombramiento del contralor municipal exige que el Concejo de Regidores emita una resolución convocando a concurso público de méritos, apruebe los términos de referencia y cree una comisión evaluadora previa a la votación en el pleno. En lugar de ello, se boicoteó el concurso para imponer a una persona afín como interina, una figura desprovista de la competencia requerida, colocada a su entero servicio y no bajo la fiscalización de los regidores. Posiblemente, cuando ella empiece a comprender la gravedad de sus funciones, el alcalde la deseche como a un pedazo de papel de baño recién usado.

Entre las destrezas que exhibe el edil, y que bien podrían servirle para afianzarse en el proyecto electoral, figura su probada habilidad para infundir temor entre sus subordinados. El miedo ha calado al punto de que varios regidores le temen, garantizándole un espionaje tan efectivo que se entera de hasta el último susurro vertido en el bloque de su propio partido.
Yo pienso que esa ventaja de no sentir remordimiento al perseguir o cancelar a los mismos que lo encaramaron al poder, sumada a la destreza de digerir mentiras como quien se bebe un vaso de agua, lo convierte en un rival durísimo de roer. El actual alcalde echará mano de cualquier recurso para desacreditar a sus adversarios internos, y si le es preciso venderle el alma al Leviatán con tal de atornillarse en la silla, tengan por seguro que lo hará.

En el haber de Manuel Jiménez figura el hecho de haber encabezado una gestión que, aun juramentada en los tiempos más aciagos de la pandemia , puede darse el lujo de publicar un libro como Lo que no se dijo, respaldado por datos verificables y ejecutorias tangibles. Su gran debilidad, no obstante, estriba en que se niega a actuar al margen de su estricta ética.

Por el contrario, el alcalde actual es un pragmático consumado, sin ataduras éticas ni morales, provisto de la sangre fría necesaria para realizar cualquier sacrificio con tal de alcanzar su objetivo. Si en lo personal le resulta provechoso duplicar el gasto en la recogida de basura, aun cuando las calles se desborden de desperdicios, lo hará sin pestañear, exhibiendo una incuestionable vocación de poder. A Manuel jamás se le habría ocurrido estampar su nombre en una tarja atribuyéndose una obra de Alfredo Martínez o de Juancito, pero el actual edil no tuvo rubor en plasmar su firma en el monumento a la Biblia, una obra inaugurada durante la administración de Jiménez.

En mi opinión, ese estilo pragmático y amoral del actual alcalde encaja a la perfección con el absolutismo radical de Thomas Hobbes, proyectándolo como un contendiente temible. El letargo de la indiferencia ciudadana le permite al alcalde engullirse el municipio como si fuera un pastel de cumpleaños, sin despeinarse ni pagar costo político alguno.

Sin embargo, a pesar de su manejo del miedo y de su destreza para mentir, prometer y nunca cumplir , su reelección dista mucho de ser un cheque en blanco. Aunque se cree que los militantes del PRM son adictos al maltrato, a la hora de depositar el voto muchos habrán de preguntarse, en la intimidad de las urnas, quién les dio realmente mejor trato: Manuel Jiménez o el actual alcalde.

Mientras el hacha va y viene, observamos a un Manuel Jiménez montado en una ola ascendente de simpatías que bien podría dar un vuelco definitivo al curso de la historia dentro del PRM.


Por Ramón Peralta