Opinión. Tuesday, 27 de October, 2026
Mucho se habla de los riesgos de enviar a los niños a la escuela cuando se pronostican lluvias intensas, pero poco se dice sobre el dilema que enfrentan muchos padres dominicanos cuando las autoridades suspenden la docencia y ellos deben cumplir con sus jornadas laborales sin tener con quién dejar a sus hijos.
Para miles de familias, llevar a los niños a la escuela antes de dirigirse al trabajo forma parte de la rutina diaria. Por eso, cuando el Ministerio de Educación (Minerd) anuncia la suspensión de las clases por las condiciones meteorológicas, la preocupación no termina con la decisión de mantener a los estudiantes fuera de las aulas. Para muchos padres, comienza otro problema: ¿quién cuidará de sus hijos mientras trabajan?
Esta realidad quedó en evidencia este martes, tras la suspensión de la docencia en distintas localidades por las lluvias y las alertas meteorológicas. La medida busca proteger la integridad de los estudiantes, una decisión comprensible y necesaria ante posibles inundaciones y otras situaciones de riesgo. Sin embargo, también deja al descubierto las dificultades de quienes no cuentan con familiares, personas de confianza o recursos económicos para contratar a alguien que cuide a sus hijos.
El dilema lo expuso en las redes sociales mi colega, Lisbet Berroa, al plantear una pregunta que seguramente comparten muchas madres y padres: ¿cómo explicarle al jefe que no se puede asistir al trabajo porque suspendieron las clases y no hay con quién dejar a los niños? Aunque parezca una situación sencilla para quienes tienen alternativas, para otras familias representa una fuente de angustia, especialmente cuando faltar al trabajo puede significar perder ingresos o enfrentar problemas laborales.
La discusión, por tanto, no debería limitarse a si es correcto o no suspender la docencia cuando llueve. La seguridad de los niños debe ser prioritaria, pero también es necesario reconocer la realidad de las familias trabajadoras. Hace falta que las instituciones públicas, los empleadores y las autoridades educativas reflexionen sobre alternativas que permitan afrontar estas situaciones sin obligar a los padres a elegir entre proteger a sus hijos y cumplir con sus responsabilidades laborales.
Porque cuando se suspenden las clases por razones de seguridad, los niños permanecen en casa, pero las obligaciones de sus padres no se suspenden con ellos. Y esa es una realidad que merece mayor atención.
Por Aridia Montero
Periodista, directora de prensa de Diario Eco