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La Bomba de Los Mina: el preocupante retroceso de un símbolo urbano

Opinión. Tuesday, 03 de November, 2026

El desarrollo de las grandes ciudades no se mide únicamente por sus monumentales edificios y gigantescas plazas que se elevan en sus centros financieros, sino por la capacidad de sus gobiernos locales para ordenar, limpiar y dignificar sus nudos de movilidad más críticos. En Santo Domingo Este, existe un epicentro que condensa la identidad, el dinamismo y los desafíos de nuestra municipalidad: la intersección de la avenida San Vicente de Paúl y la calle Fernández de Navarrete, conocida por todos desde la década de los 80 como «La Bomba de Los Mina», término que surgió de la instalación de una estación de combustibles Shell.

Hoy, este neurálgico punto de referencia urbana, estrechamente conectado a las líneas del Metro, el teleférico y a un colosal flujo comercial, vuelve a encender las alarmas de quienes aspiramos a vivir en una ciudad ordenada. La Bomba de Los Mina está regresando al caos. Los tarantines informales sobre las aceras, los mercachifles obstaculizando el tránsito peatonal y la alarmante acumulación de desperdicios sólidos (y no tan sólidos) amenazan con sepultar uno de los logros cívicos más aplaudidos de la historia reciente de nuestro municipio.

Para entender la magnitud del problema, debemos dimensionar su impacto en datos reales. Aunque no exista un registro estadístico público del número exacto de vehículos que cruzan esa esquina en particular, los estudios de movilidad del INTRANT son categóricos: esta intersección forma parte de uno de los corredores más activos de toda el área metropolitana, conectando a Santo Domingo Este con el Distrito Nacional a través de más de 303,000 viajes diarios en ambos sentidos. Hablamos de un río humano y vehicular que no se detiene y que requiere una gestión de filigrana urbanística.

Durante años, este punto fue la representación viva de la arrabalización, la contaminación ambiental y los taponamientos asfixiantes. No fue sino hasta la gestión del anterior alcalde, Manuel Jiménez (2020-2024), cuando en el año 2021 se demostró que el desorden no era un destino manifiesto. Con voluntad política, operativos firmes y una fiscalización sistemática, se recuperaron los espacios públicos, se reabrieron las aceras al peatón y La Bomba pasó de ser una «zona de desastre» a un ejemplo de limpieza y orden cívico. Fue un respiro histórico para los munícipes, especialmente para los de la Circunscripción 2.

Lamentablemente, ese esfuerzo colectivo parece estarse evaporando como por arte de magia. En la actualidad, La Bomba de Los Mina, ubicada a una distancia de apenas 1.2 km del Palacio Municipal, sede central de la alcaldía, empieza a sufrir las consecuencias de ignorar un principio político elemental: la Continuidad de Estado. Este concepto define que las instituciones y sus políticas de bienestar común deben permanecer e incluso perfeccionarse a lo largo del tiempo, más allá de los cambios de banderas o de autoridades en los ayuntamientos. El orden no puede tener fecha de vencimiento electoral. Con la actual gestión del alcalde Dío Astacio, la falta de seguimiento y el abandono de la fiscalización permanente han provocado el resurgimiento con fuerza de los basureros improvisados, los malos olores y la invasión ilegal del espacio peatonal.
Los munícipes de Santo Domingo Este no merecemos que el bienestar recuperado con tanto esfuerzo se desmorone por una preocupante falta de mantenimiento. El ordenamiento urbano requiere constancia, no intermitencia.

Es tiempo de que la actual alcaldía asuma con determinación y responsabilidad el rescate definitivo de este nudo de movilidad. Se necesitan planes de acción concretos: presencia permanente de la Policía Municipal, inspección y supervisión rigurosas en las aceras, la optimización de las rutas de recolección de basura y un respeto irrestricto a los espacios públicos.

El orden no es un lujo, es un derecho de la municipalidad. Vamos alcalde Dío Astacio, ¡La Bomba lo necesita!


Por: Rhodes Espinal

Columna: Lo Global con Rhodes Espinal