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Las elecciones del 2028 en RD: el duelo que definirá el destino político, económico, social y democrático del país

Opinión. Monday, 08 de June, 2026

Por: Manuel Brito

Las elecciones presidenciales del año 2028 en la República Dominicana no serán unas elecciones normales. Todo indica que serán las más determinantes desde la llegada de la Democracia moderna dominicana después de 1978. Lo que estará en juego no será solamente y lo simple sería quién ocupará el Palacio Nacional, sino el modelo económico, la estabilidad social, el equilibrio institucional y el rumbo democrático de la nación en medio de un escenario internacional complejo y de un profundo cansancio ciudadano.

La salida constitucional de Luís Abinader de la boleta presidencial abre un vacío político dentro del oficialismo y, al mismo tiempo, crea una competencia abierta entre el poder gobernante, la oposición que lidera el doctor Leonel Fernández y nuevas figuras que intentan capitalizar el desencanto social pero sin un contenido claro de Estado y sociedad hacía el país para ser más tomado encuenta. Distintos análisis y encuestas coinciden en que ningún partido tiene hoy asegurada una victoria cómoda ni mucho menos en primera vuelta porque será una batalla campal, todo contar todo.

La sociedad dominicana atraviesa actualmente una mezcla de esperanza y frustración. Por un lado, existe una narrativa oficialista de percepción de estabilidad macroeconómica y crecimiento turístico; pero, por otro lado, el ciudadano común de a pie siente el peso del alto costo de la vida, los alimentos, los alquileres, la inseguridad, la crisis del transporte, la precariedad salarial, la desigualdad social. En fin el caos total y el deterioro en todos los servicios públicos. Ese contraste será decisivo en el voto del 2028: seguir así o peor y por el otro lado construir una segunda ola de progreso, prosperidad y desarrollo nacional.

El partido oficialista llegará a las elecciones con la supuesta ventaja del poder, del aparato gubernamental. Sin embargo, enfrentará un problema histórico de los partidos gobernantes: la lucha interna historica y recurrente por la sucesión. Diversos sectores ya se mueven alrededor de figuras como David Collado, Carolina Mejía, Guido Gómez Mazara y otros aspirantes que podrían dividir fuerzas dentro del oficialismo y todo ahí concluir dividido, ruleta rusa que la oposición no debe únicamente apostar. Sino bajar el lomo fuerte en las calles trabajando.

Mientras tanto, la oposición tiene seguir en reconstruirse creciendo como va y ganar tiempo en este año antes de que oficialismo se recomponga con su candidato oficial y los recursos de todo origen y del gabinete sean puesto a favor de la agenda electoral de su aspirante. La Fuerza del Pueblo y el doctor Leonel Fernández busca presentarse, muy correcto y oportuno, como una opción de experiencia, de Estado, estabilidad y retorno del crecimiento económico acelerado que caracterizó sus tres gobiernos vienen haciendo lo correcto. Algunas encuestas, incluso, colocan a Fernández liderando escenarios de intención de voto en el rango de un 42 a 46 por ciento al día de hoy.

Por otro lado, el Partido de la Liberación Dominicana enfrenta quizá su batalla más difícil desde su fundación: sobrevivir políticamente y recuperar credibilidad tras la derrota de 2020 y el desgaste acumulado de sus años de gobierno. El PLD necesita reconectarse con una nueva generación que ya no vota por tradición partidaria, sino por emociones, redes sociales, percepción de resultados y liderazgo individual, y es justamente de lo que ahora adolece el otrora organización de la estrella amarilla, por lo que no logrará avanzar lo suficiente por más profusa de recursos económicos y de narrativa mediática se implementen.

El elemento más peligroso, en estos momentos para el sistema político dominicano, no es solamente quién gane, sino quien despierte la confíanza y la garantía para proteger y salir del entrampamiento vive el país en todos los órdenes. Lo que explica en gran medida el creciente desencanto ciudadano con todos los partidos y la política profundizado más por las promesas incumplidas del actual presidente y el partido gobernante, que una franja muy importante se siente defraudado, engañado.

Recordando que encuestas recientes revelan que cerca de una cuarta parte del electorado no simpatiza con ninguna organización política. Ese dato refleja una crisis a no discutir ni ignorar de representación por multiples razones que podría abrir espacio a candidaturas independientes, outsiders mediáticos o discursos populistas que capitalicen la rabia social y se invente con la Democracia como ha ocurrido en muchos países ya sean anglosajones o no, en todos los continentes.

La democracia dominicana llegará al 2028 bajo tensión. El debate sobre la independencia de la justicia, el uso de los recursos del Estado, el financiamiento de los partidos, la transparencia institucional y la concentración económica será central. También pesará la percepción de si existe igualdad de condiciones entre oficialismo y oposición. Sectores políticos ya han denunciado reducción de fondos y desigualdad en el escenario electoral, hecho que ha sido la expresión más clara de que el gobierno y su partido no respetan a la oposición y la desafian en medio de tantas dificultades y tensiones sociales y de políticas públicas.

Otro punto decisivo será la juventud. Miles de jóvenes dominicanos observan la política con frustración, descreimiento o apatía, mientras otros comienzan a exigir nuevas formas de liderazgo. En redes sociales y espacios digitales se percibe una mezcla de pesimismo y deseo de cambio profundo. Esa generación podría definir las elecciones si logra movilizarse más allá del enojo y la indignación, que al decir de los propios datos de la Junta Central Electoral habrán más 800 mil nuevos electorales jóvenes que lo harán por primera vez en el 2028.

También influirá el contexto internacional. La situación económica mundial, el precio del petróleo, la inflación global, la relación con Estados Unidos, la crisis haitiana, la migración y la presión geopolítica sobre el Caribe afectarán directamente la estabilidad dominicana. Ningún gobierno que llegue en 2028 gobernará en tiempos fáciles, lo que explica la creciente opinión y exigencia de experiencia de Estado y de conocimiento de la geopolitica para poder sortear con éxito el porvenir y sus grandes complicaciones de la República Dominicana.

La campaña ya comenzó antes de tiempo. Hay activismo político, promoción de candidaturas, movimientos internos y estrategias digitales cuando todavía faltan dos años para los comicios. Eso demuestra que todos entienden la magnitud histórica de lo que se aproxima, aunque muy pocos de los aspirantes ní idea de lo que tienen que hacer con eficiencia y soluciones a los grandes problemas nacionales.

El 2028 podría sin el podría es desde ya una confrontación convertida para que se defina la Patria entre continuidad y cambio; entre estabilidad y hartazgo; entre estructuras tradicionales y nuevas expresiones políticas; entre el poder económico consolidado y una sociedad que exige mejores condiciones de vida y oportunidades para todos.

Más que unas simples elecciones, el 2028 será un referéndum nacional sobre el país que quieren los dominicanos: uno donde continúe el modelo actual fracasado y de unos pocos y/o uno que regrese la experiencia con visión de Estado y compromiso agenda país con el desarrollo integral nacional completamente distinto construido desde el desencanto y la ruptura política del fracaso social, institucional y económico del presente.

La gran pregunta no será solamente quién ganará las elecciones. La verdadera pregunta será: ¿Qué República Dominicana emergerá después de ellas y quien garantiza esa segunda ola de desarrollo a corto, mediano y largo plazo garantía del futuro para el pueblo dominicano para que luego ya no sea demasiado tarde ?

El autor periodista\abogado
Titular Secretaría de Aeronáutica Civil FP