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El candidato a vencer: La certificación del miedo oficialista

Opinión. Wednesday, 10 de June, 2026

Si faltaba una pieza para armar el rompecabezas que sitúa a Leonel Fernández como el principal candidato de cara al 2028, esa pieza acaba de aparecer. El reciente video que han puesto a circular con las declaraciones del principal asesor del oficialismo, validando la campaña que viene fraguándose en su contra e intentando imponer una narrativa de supuesta vejez, no es más que la certificación de que el candidato a vencer es él. Cuando uno de los principales estrategas del PRM dedica tiempo en un espacio público a teorizar sobre la «caducidad» de un líder de la oposición, no está haciendo un análisis desinteresado; está admitiendo, desde el propio corazón del oficialismo, quién es el rival que realmente les preocupa.

Para entender la dimensión de esta operación política conviene hacer un recuento de cómo se ha intentado instalar este relato desde distintos frentes. Por un lado, voceros del oficialismo y comunicadores afines al PRM han repetido el libreto del «candidato del pasado» o del «ciclo cerrado», buscando posicionar la idea de que las nuevas generaciones demandan rostros distintos y asociando la madurez política con una supuesta inhabilitación temporal. Por el otro, algunos voceros del PLD también han decidido sumarse a esta matriz discursiva, quizás convencidos de que la mejor manera de abandonar el lejano tercer lugar alcanzado en las últimas elecciones consiste en intentar disminuir el peso político del principal liderazgo opositor. Es una apuesta comprensible para quienes todavía buscan una ruta de regreso a la relevancia electoral, aunque en la práctica terminan reforzando exactamente la narrativa que el oficialismo intenta instalar.

Desde el punto de vista de la alta política, esta conducta responde a una necesidad de supervivencia matemática bastante lógica: necesitan romper la polarización entre la Fuerza del Pueblo y el PRM. Para ellos, revertir esa dinámica es vital en su intento por recuperar espacio y salir del estancamiento electoral que los mantiene lejos de la disputa principal. Es un esfuerzo legítimo desde la lógica partidaria, aunque termine favoreciendo los intereses de quienes hoy ocupan el poder.

Por su parte, el PRM parece haber puesto en marcha un diseño de doble pinza. La primera consiste en inflar la teoría de la «vejez» para intentar disminuir la vitalidad política de la única figura opositora con arraigo nacional, estructura territorial consolidada y capacidad comprobada de movilización electoral. La segunda descansa en la construcción de una narrativa estadística cuidadosamente administrada. En las últimas semanas hemos visto la publicación de diversos estudios de opinión que privilegian la difusión de indicadores de simpatía partidaria mientras omiten escenarios presidenciales cruzados que en mediciones anteriores sí eran publicados con normalidad. Resulta llamativo porque algunas de esas mismas firmas mostraban anteriormente escenarios donde Leonel Fernández competía de manera directa con las principales figuras del oficialismo.

Basta recordar los estudios divulgados por ACD Media, donde la Fuerza del Pueblo aparecía como la organización política preferida para gobernar el país con un 35.7 %, superando al PRM, que registraba un 31.5 %. De igual manera, esos mismos levantamientos mostraban escenarios presidenciales donde Leonel Fernández superaba a Carolina Mejía y mantenía una competencia prácticamente empatada con David Collado, diferencias que se encontraban dentro del margen normal de disputa para una elección situada a más de dos años de distancia. Sin embargo, esos escenarios han ido desapareciendo convenientemente de la conversación pública, mientras proliferan mediciones enfocadas exclusivamente en simpatías partidarias o en variables secundarias que no permiten observar con claridad la verdadera correlación de fuerzas entre los potenciales candidatos presidenciales.

Cada quien es libre de sacar sus propias conclusiones, pero resulta difícil ignorar la coincidencia entre la creciente insistencia en la narrativa de la edad y la reducción de los espacios donde se mide abiertamente la competencia presidencial de cara al 2028. Lo cierto es que los laboratorios políticos no pueden tapar el sol con un dedo. El trasfondo de esta ofensiva comunicacional parece reflejar una realidad cada vez más difícil de ocultar: el desgaste progresivo del oficialismo frente a una población afectada por el aumento del costo de la vida, la inseguridad y la percepción de insuficiencia en la gestión de problemas fundamentales. En ese contexto, Leonel Fernández ha logrado reposicionarse como el principal receptor del descontento ciudadano y como la figura con mayor capacidad para articular una alternativa de poder desde la oposición.

Independientemente de los relatos de pasillo, de las anécdotas del pasado o de las fotografías de salón con humo de tabaco, la narrativa de la «vejez» ha terminado convirtiéndose en un bumerán para quienes la diseñaron. En política, aquello que más atacas suele ser aquello que más te preocupa. Al intentar decretar el retiro de Leonel Fernández, los principales voceros del oficialismo y sus cajas de resonancia no han hecho más que confirmar lo evidente: que el presidente Fernández continúa siendo, por amplio margen, la referencia central de la oposición dominicana y el candidato que todos observan con atención de cara al 2028.

Por Mihail García