Opinión. Friday, 26 de June, 2026
Estos son tiempos de dolor profundo. Un pueblo hermano, el de Venezuela, ha sido golpeado sin piedad por la fuerza de la naturaleza. Ante la tragedia, no basta con lamentarse: nos queda encomendarnos a Dios, exigirnos empatía absoluta y, como nación, activar de inmediato verdaderas medidas preventivas.
Hoy la solidaridad no puede ser un discurso; tiene que ser una acción.
Demostremos un humanismo puro y desinteresado. El dolor ajeno jamás debe convertirse en un espectáculo ni en una plataforma de beneficio mediático. Que nuestra mano izquierda no sepa lo que hace la derecha; actuemos con la dignidad y la altura que las circunstancias nos exigen.
No hay espacio para la duda: con la fuerza de todos, Venezuela se va a levantar. Porque la esperanza de su gente es inquebrantable, tal como lo inmortalizó Alí Primera en su Canción mansa para un pueblo bravo:
«Vuelve a tu canto de turpial, llena de gritos el cardonal, que hay semerucos allá en el cerro y un canto hermoso para cantar».
Por Albert Torres