×
ECO PLAY TRABAJOS DE INVESTIGACIÓN PROVINCIAS CONTÁCTENOS

El espejismo del «saber manejarse»: ¿Ética o puesta en escena?

Por: Nicandro Jiménez

Opinión. Jueves, 29 de Enero, 2026

En los pasillos de la política y las altas esferas empresariales, ha surgido un elogio que se repite como un mantra: «Él se maneja muy bien». Se dice con una mezcla de admiración y envidia, como si la capacidad de navegar las aguas del poder fuera la virtud máxima de un líder. Sin embargo, detrás de esa frase suele esconderse una realidad incómoda que debemos empezar a cuestionar con urgencia: ¿Desde cuándo «manejarse bien» se convirtió en un sustituto aceptable de «hacer el bien»?

La trampa reside en que, cuando decimos que un personaje público tiene un buen manejo, rara vez nos referimos a su capacidad para resolver los problemas estructurales del pueblo o su integridad inquebrantable. Por el contrario, solemos elogiar su astucia comunicacional; es decir, su habilidad para ser el rostro amable de un sistema deficiente. Es aquel que sabe cuándo callar, cómo sonreír en la foto oficial y qué palabras vacías utilizar para no comprometerse con nada, mientras en “la sombra” apoya leyes perjudiciales o tolera la corrupción sistemática de su propio partido por mera conveniencia.

Existe una brecha abismal entre el manejo y la acción real. El manejo es cosmético, es puro marketing de imagen que busca la supervivencia del individuo y la protección del statu quo. La acción real, en cambio, es transformadora y, por definición, suele ser incómoda. Quien actúa de verdad en favor del pueblo a menudo debe romper con su propio círculo, desafiar las directrices de su partido cuando estas son injustas y arriesgar su «buena imagen» en favor de resultados tangibles.

Al aceptar el «buen manejo» como una cualidad positiva, nos convertimos en cómplices de un teatro de apariencias. Si un político es considerado «de los mejores» solo porque es educado y sabe hablar frente a una cámara, pero sus votos en el Congreso hunden al ciudadano en la precariedad, entonces su «buen manejo» no es más que una herramienta de engaño. Apoyar activamente las malas decisiones de un grupo, escudándose en una cara amable y un discurso moderado, no es inteligencia política ni pragmatismo empresarial; es una profunda falta de integridad disfrazada de sofisticación.

El bienestar social no se construye con diplomacia de cóctel ni con silencios cómplices que protegen intereses partidistas. Es momento de cambiar la vara de medir y dejar de aplaudir la forma mientras el fondo se pudre. El pueblo no necesita líderes que sepan «manejarse» en las altas esferas; necesita valientes que se atrevan a actuar, incluso cuando eso signifique dejar de caer bien a los de su propia clase. La próxima vez que escuches que alguien se maneja bien, pregúntate a quién está sirviendo realmente ese manejo: ¿A su carrera, a su partido, o verdaderamente al ciudadano de a pie?

Carolina Mejia: enfoque y conexión con la comunidad

LA VERDAD ES COMO EL CORCHO La alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejia, deja inaugurado la primera etapa del boulevar […]

Santo Domingo Este: cuando la falta de planificación castiga a la gente

En Santo Domingo Este se está viviendo una realidad que ya no puede maquillarse ni justificarse con discursos publicitarios: el […]