Opinión. Viernes, 24 de Abril, 2026
Los regidores del PLD y la Fuerza del Pueblo son las principales barreras de Luis Alberto y Rafael Castillo para optar por la Alcaldía de Santo Domingo Este
Mi opinión sobre el panorama actual pretende ser objetiva; sin embargo, como militante activo de la Fuerza del Pueblo, es mi deber advertir hoy que, al cumplirse dos años de la actual administración municipal, los concejales de oposición están actuando como si su meta fuera reelegir por cuatro años más a un alcalde que está usando la ciudad como ruta de ascenso a sus ambiciones políticas y personales. Es como si se sintieran más cómodos con Dío Astacio que con un alcalde de su propio partido, aunque esto sea en detrimento de los munícipes de Santo Domingo Este.
El alcalde Dío Astacio transita su segundo año de gestión municipal sostenido, en buena medida, por los regidores de la Fuerza del Pueblo y del PLD, quienes lo respaldan con una devoción que, en ocasiones, parece desbordar los límites de lo políticamente razonable.
La clase política observa con pena y hasta con vergüenza que estos regidores ni siquiera guardan las formas y votan, sin rubor, iniciativas que contradicen los intereses de los partidos que los llevaron a la sala capitular. Lo hacen con una naturalidad que ya ni sorprende.
Es cierto: el concejo de regidores no es un altar de la patria ni un escenario para discursos sobre moral, lealtad o compromiso con los munícipes. Tampoco es el lugar donde se decide, en última instancia, el destino de la ciudad. Es, más bien, un terreno donde cada quien defiende lo suyo. Pero aun en ese tenor, la prudencia política y el mínimo respeto a sus votantes deberían bastar para, al menos, guardar las apariencias y por lo menos, aunque sea fingir que son opositores.
Exregidores comentan que, en el actual concejo, quien intente hablar de principios o fidelidad partidaria queda aplastado por una mayoría que opera como una orquesta: todos tocan la misma partitura, y al que desafina lo expulsan del concierto de las prebendas.
Sin estridencias ni ánimo de exagerar, los números indican que esta podría ser la administración municipal con mayores deficiencias financieras de la historia. En 2025, el Ayuntamiento de Santo Domingo Este registró el déficit presupuestario más alto del municipio, acompañado de un crecimiento exponencial de la deuda. Ese mismo año, además, fue objeto de un expediente remitido a la Procuraduría de Persecución de la Corrupción Administrativa por parte de la Dirección de Compras y Contrataciones. Pese a ello y a otras tantas razones, los regidores de oposición, lejos de pronunciarse o siquiera plantear un juicio político, han optado por aprobarlo todo sin cuestionamientos.
Si el alcalde tuvo un año transparente, su rendición de cuentas de este 24 de abril será breve: la verdad no necesita mucho tiempo para contarse. Sí, por el contrario, fue un año opaco, marcado por el uso discrecional de los fondos públicos, entonces asistiremos a un largo discurso político: ese recurso útil cuando sobran palabras y faltan explicaciones.
Hoy, Luis Alberto y Rafael Castillo, nombres que suenan con insistencia para optar por la alcaldía, no parecen dispuestos a expresar abiertamente aspiraciones a la alcaldía, mientras los propios representantes de sus partidos actúan como los más fieles aliados del alcalde. Una contradicción que termina por convertirlos, paradójicamente, en adversarios de su propia causa.
Si las elecciones fueran hoy, Dío Astacio resultaría vencedor. Y no necesariamente por méritos de gestión, sino porque, a nivel municipal, la oposición en la sala capitular de Santo Domingo Este parece encarnar, más que un contrapeso, una suerte de caballos de Troya al servicio del actual alcalde del municipio más grande del país.