Opinión. Wednesday, 12 de August, 2026
En las instituciones policiales y militares existe una realidad que no debe olvidarse: a mayor rango, mayor responsabilidad y mayor necesidad de preservar la cadena de mando.
Por eso, la presencia del nuevo jefe de la Policía, Cruz y Cruz, dirigiendo personalmente a los agentes en medio de la situación de protesta registrada en Navarrete, abre un debate que va mucho más allá de una simple fotografía o de una aparición pública.
La pregunta es sencilla: ¿es prudente que quien ocupa la máxima posición de mando se coloque físicamente en un escenario donde existe un riesgo evidente para su integridad?
Nadie puede cuestionar que un jefe policial debe conocer de primera mano las condiciones en las que trabajan sus agentes. Tampoco que debe visitar los destacamentos, supervisar operaciones y mantenerse cerca de su personal.
Pero una cosa es supervisar y otra muy distinta es exponerse innecesariamente en un escenario de confrontación.
Existe una vieja máxima utilizada en los cuerpos militares: “Los generales no van a la guerra; los generales dirigen la guerra.”
La frase no significa que un general sea cobarde o que deba permanecer encerrado en una oficina. Significa que, cuando una persona alcanza la máxima responsabilidad de mando, su función principal cambia.
El teniente está preparado para ejecutar.
El capitán coordina.
El coronel supervisa.
Y el general dirige.
Cuando el máximo jefe de una institución se encuentra en medio de una situación operacional de alto riesgo, debemos preguntarnos si su presencia física aporta realmente una ventaja estratégica o si, por el contrario, crea un riesgo adicional.
Porque si un agente resulta herido durante un operativo, la institución enfrenta una situación dolorosa y compleja. Pero si el máximo jefe de la Policía resulta herido mientras se encuentra personalmente en la línea de confrontación, las consecuencias institucionales pueden ser todavía mayores.
No estamos hablando solamente de la seguridad de un hombre.
Estamos hablando de la continuidad del mando de una institución nacional.
El jefe de la Policía tiene bajo su responsabilidad a miles de hombres y mujeres. Su obligación no es demostrar que puede colocarse delante de ellos. Su obligación es crear las condiciones para que esos hombres y mujeres puedan cumplir su misión de manera profesional, disciplinada y segura.
El liderazgo no se mide por la exposición
Hay quienes confunden liderazgo con presencia física.
Un jefe puede demostrar liderazgo desde un centro de operaciones, tomando decisiones, coordinando inteligencia, supervisando recursos y estableciendo las estrategias necesarias para controlar una situación.
No siempre hay que estar en primera línea para demostrar autoridad.
De hecho, muchas veces la verdadera autoridad consiste precisamente en saber cuándo delegar.
Cruz y Cruz tiene ahora una responsabilidad mucho mayor que la que tendría un oficial subalterno. Cada decisión suya tiene consecuencias para toda la Policía Nacional.
Por eso, el nuevo jefe policial debe entender que ya no se trata solamente de lo que personalmente quiera hacer, sino de lo que institucionalmente conviene hacer.
¿Qué mensaje recibe la tropa?
También debemos preguntarnos qué mensaje recibe la tropa cuando el máximo jefe decide exponerse personalmente en una situación de protesta.
¿Se está transmitiendo que el liderazgo consiste en acompañar físicamente a los agentes en cada escenario de riesgo?
¿O se está transmitiendo que los oficiales superiores deben utilizar su experiencia para dirigir, coordinar y proteger a sus subordinados?
La Policía necesita jefes valientes, pero también necesita jefes prudentes.
La prudencia no es cobardía. La planificación no es miedo. Y delegar no significa abandon
Por Luis Padilla | Diario Eco
Consultor & Asesor en Seguridad Estratégica.