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Leonel Fernández: La persona, el político y estadista ante el desafío de rescatar y transformar a la RD sin dañarla

Opinión. Friday, 14 de August, 2026

Por: Manuel Brito

El presente análisis nace de una preocupación esencialmente nacional y no de una intención de exaltación personal, política o partidaria. Al abordar la figura del presidente Leonel Fernández en sus distintas dimensiones —humana, política, profesional, académica y como hombre de Estado—, el propósito no es construir una pieza de lisonja ni un ejercicio de alabanzas, sino colocar su trayectoria, experiencia y pensamiento frente a la realidad concreta que vive hoy la República Dominicana y determinar, desde una perspectiva crítica, qué puede aportar esa experiencia a una nación que enfrenta desafíos cada vez más complejos.

Quien escribe estas líneas entiende que reconocer virtudes, capacidades o aportes en un dirigente político no significa renunciar al juicio crítico. Por el contrario, la valoración seria de una figura pública exige precisamente distancia, rigor y capacidad para distinguir entre la simpatía política y la evaluación de Estado.

En mi caso particular, existe además una trayectoria profesional y pública caracterizada por una manera de asumir las ideas y las posiciones con franqueza, sin acomodarlas a las circunstancias ni subordinarlas a conveniencias coyunturales. He procurado ejercer el periodismo, el derecho y la actividad política desde una posición directa, de frente y a capa y espada respecto de aquello en lo que creo y defiendo. Esa conducta, más que una declaración, ha sido una práctica demostrada a lo largo del tiempo.

Por eso, este trabajo debe ser leído desde esa perspectiva.

No se pretende afirmar que Leonel Fernández sea infalible, que sus gobiernos hayan estado exentos de errores, ni que toda decisión adoptada durante su trayectoria política deba ser asumida como correcta. Un análisis verdaderamente serio debe reconocer aciertos, desaciertos, luces, sombras, avances, limitaciones y circunstancias históricas.

Lo que se pretende examinar es algo diferente y, a nuestro juicio, mucho más trascendente: qué significa para la República Dominicana contar hoy con un dirigente que ha tenido la experiencia de gobernar, de enfrentar crisis nacionales e internacionales, de ejercer la oposición, de observar desde fuera del poder la evolución del país y de dedicar una parte importante de su vida al estudio de los grandes fenómenos políticos, económicos, tecnológicos y sociales que están transformando el mundo.

El punto de partida, por tanto, no es Leonel Fernández.

El punto de partida es la República Dominicana.

Es la coyuntura que vive el país; sus avances y sus retrocesos; sus fortalezas y sus debilidades; sus contradicciones económicas y sociales; los desafíos de la migración y la frontera; la producción nacional y la seguridad alimentaria; el deterioro ambiental; la transformación tecnológica; la educación; la seguridad; la institucionalidad; la corrupción; la política exterior y la posición del país frente a un mundo profundamente distinto al de hace apenas unos años.

Desde esa realidad debe analizarse al hombre, al político y al estadista.

Y si después de recorrer objetivamente esa realidad llegamos a la conclusión de que determinadas cualidades de Leonel Fernández —su experiencia, formación, visión internacional, capacidad de análisis, conocimiento del Estado y, particularmente, la perspectiva adquirida durante sus años fuera del ejercicio del poder— adquieren una relevancia especial para el momento que vive la nación, ello no será producto de una intención de exaltarlo.

Será, sencillamente, una conclusión derivada del análisis.

Porque una nación no puede darse el lujo de escoger a sus conductores únicamente por simpatías, emociones, consignas o novedad.

En determinados momentos de su historia, los pueblos necesitan preguntarse quién posee la experiencia, la preparación, la visión y la capacidad para comprender la complejidad del momento y conducir al Estado sin improvisaciones.

Ese es el propósito de este trabajo.

No hacer una apología de Leonel Fernández, sino someter su figura a la realidad dominicana y someter, al mismo tiempo, la realidad dominicana a la pregunta de qué tipo de liderazgo necesita para rescatar lo que debe ser rescatado, corregir lo que debe ser corregido, transformar lo que debe ser transformado y, sobre todo, hacerlo sin dañar lo que durante décadas el pueblo dominicano ha construido.

Análisis de coyuntura nacional

I. Una nación que no puede conformarse con sobrevivir

La República Dominicana se encuentra ante una de esas coyunturas históricas en las que el problema fundamental no consiste únicamente en determinar quién gobierna, sino en definir hacia dónde debe conducirse la nación.

El país no está frente a una crisis única. Está frente a la acumulación de múltiples tensiones: económicas, sociales, institucionales, migratorias, ambientales, territoriales, educativas, energéticas, agropecuarias, de seguridad, de transporte y de política exterior.

Y precisamente por eso el problema dominicano no puede ser reducido a una lista de obras, a una tasa de crecimiento económico, a la inauguración de determinados proyectos o a la celebración de determinados indicadores.

El verdadero desafío es mucho mayor:

¿Tiene la República Dominicana un proyecto nacional capaz de conducirla durante las próximas décadas?

Esta pregunta resulta inevitable cuando se observa que, aunque la economía mantiene fundamentos importantes, el crecimiento ha mostrado una desaceleración significativa. El PIB creció 5 % en 2024, pero apenas 2.1 % en 2025; durante enero-junio de 2026 registra una expansión acumulada de 4.5 %, y el Banco Central proyecta que el año podría cerrar alrededor del 4 %. Al mismo tiempo, las reservas internacionales rondan los US$15,800 millones, lo que demuestra que el país conserva fortalezas macroeconómicas importantes. (Banco Central de la República Dominicana⁠)

Esto obliga a hacer una distinción fundamental:

República Dominicana no es un país quebrado. Es un país que corre el riesgo de quedarse sin dirección estratégica.

Y ambas cosas son muy diferentes.

La nación conserva turismo, zonas francas, remesas, inversión extranjera, reservas internacionales, estabilidad monetaria, crecimiento del sector servicios y una economía privada dinámica.

Pero esas fortalezas pueden coexistir con graves debilidades estructurales.

La pregunta, entonces, no es solamente cuánto crece el país.

La pregunta es:

¿Qué país estamos construyendo con ese crecimiento?

II. El agotamiento de una determinada manera de gobernar

Uno de los principales problemas de la coyuntura actual es la distancia que puede producirse entre la administración cotidiana del Estado y una verdadera visión nacional.

Gobernar no es administrar el día.

Gobernar es anticipar el mañana.

Un Estado puede funcionar administrativamente, recaudar más impuestos, inaugurar obras, digitalizar trámites y mantener determinados indicadores macroeconómicos, y aun así carecer de una estrategia suficiente para enfrentar los grandes cambios que vienen.

El propio Gobierno ha identificado diez grandes metas hacia 2028: salud, seguridad, infraestructura, expansión de la clase media, PIB per cápita, formalidad laboral, aprendizaje, pobreza rural, vulnerabilidad climática y efectividad gubernamental. (Presidencia de la República Dominicana⁠)

Eso demuestra que existe una agenda formal.

Pero una agenda de metas no necesariamente equivale a una visión de Estado. Porque está totalmente ausente.

Una visión de Estado tiene que responder simultáneamente:

* qué tipo de economía queremos;
* qué produciremos;
* qué importaremos;
* qué exportaremos;
* cómo garantizaremos agua y alimentos;
* cómo enfrentaremos la cuestión haitiana;
* cómo protegeremos nuestra frontera;
* cómo insertaremos al país en el nuevo orden internacional;
* cómo transformaremos la educación;
* cómo resolveremos definitivamente el transporte;
* cómo enfrentaremos el cambio climático;
* cómo garantizaremos energía suficiente y competitiva;
* cómo utilizaremos inteligencia artificial y tecnología;
* cómo construiremos ciudades sostenibles;
* cómo reduciremos la desigualdad territorial;
* y, sobre todo, qué República Dominicana queremos entregar a la siguiente generación.

Ese es el nivel en que debe situarse el debate.

III. El país no puede confundirse con sus indicadores macroeconómicos

La estabilidad macroeconómica constituye un activo nacional que debe preservarse.

El Banco Central señala que la economía mantiene fundamentos sólidos, reservas elevadas y estabilidad financiera, mientras el FMI proyecta para 2026 un crecimiento cercano al 4 % y una inflación dentro del rango meta. (Banco Central de la República Dominicana⁠)

Por tanto, sería intelectualmente incorrecto afirmar que todo está perdido.

Pero también sería un error concluir que, porque existen estabilidad cambiaria, reservas y crecimiento, el país está bien encaminado en todas sus dimensiones.

La economía dominicana enfrenta una paradoja:

hay estabilidad macroeconómica, pero persisten problemas microeconómicos y estructurales que afectan la vida cotidiana de los más vulnerables.

La pobreza monetaria general descendió a 17.3 % en 2025, desde 19 % en 2024. Es un “avance real que debe reconocerse”. Sin embargo, la pobreza rural permaneció en 21.6 %, mientras la pobreza afectó más a las mujeres que a los hombres. (Datos oficales GD⁠).

La verdadera discusión debe ser, entonces, cómo transformar el crecimiento económico en prosperidad social sostenible.

No basta con crecer.

Hay que producir más.

Hay que producir mejor.

Hay que producir nacionalmente.

Hay que aumentar la productividad.

Hay que formalizar el empleo.

Hay que elevar los salarios reales.

Hay que crear movilidad social.

Y hay que reducir la dependencia de factores externos.

IV. El gran problema invisible: la pérdida de capacidad productiva

Uno de los puntos más delicados de la coyuntura dominicana está en la estructura productiva.

Durante décadas, el país avanzó hacia una economía de servicios, turismo, zonas francas, comercio, construcción y actividades vinculadas al consumo.

Ese proceso produjo crecimiento.

Pero una nación no puede depender indefinidamente de importar buena parte de aquello que consume.

La seguridad alimentaria debe convertirse nuevamente en una cuestión de Estado.

El propio Gobierno reconoce la importancia estratégica de la producción agropecuaria y afirma que el país produce alrededor del 90 % de los alimentos que consume (incluyendo las importaciones). También informa que las exportaciones agropecuarias superan los US$3,600 millones. (Ministerio de Agricultura⁠)

Es un “dato positivo.”

Pero existe una contradicción que debe ser examinada con profundidad: el propio Estado reconoció en 2025 que la llamada Hoja de Balance de Alimentos no se actualizaba desde 1971 y que era necesario determinar con mayor precisión cuánto produce, consume, importa y exporta el país. (Ministerio de Agricultura⁠)

Esto revela algo mucho más profundo:

no se puede administrar estratégicamente la soberanía alimentaria sin información estratégica sobre la alimentación nacional.

La agricultura dominicana necesita pasar de la lógica de supervivencia y subsidio a una política de Estado basada en:

producción + tecnología + crédito + riego + infraestructura + almacenamiento + comercialización + industrialización + exportación.

El país debe preguntarse cuáles alimentos estratégicos puede producir prácticamente en su totalidad, cuáles debe producir parcialmente y cuáles inevitablemente tendrá que importar.

Eso es planificación de Estado.

V. Haití y la migración: de problema político a cuestión de Estado

La cuestión haitiana constituye probablemente el mayor desafío estratégico de la República Dominicana para las próximas décadas.

No puede abordarse solamente desde las deportaciones.

No puede abordarse únicamente desde la frontera.

Y tampoco puede abordarse exclusivamente desde los derechos humanos.

Es una cuestión simultáneamente:

migratoria, económica, laboral, fronteriza, diplomática, sanitaria, educativa, territorial y de seguridad nacional.

La magnitud de la situación puede apreciarse en las cifras oficiales: la Dirección General de Migración informó que durante enero y febrero de 2026 fueron deportadas 67,940 personas en condición migratoria irregular por la frontera con Haití. (Presidencia de la República Dominicana⁠)

La pregunta fundamental es qué política nacional de largo plazo acompaña esa acción.

Una verdadera política migratoria debe determinar:

quién puede entrar;

quién puede permanecer;

en qué condiciones;

en qué sectores puede trabajar;

cómo se registra;

cómo se controla;

cómo se deporta;

cómo se protege la frontera;

cómo se combate el tráfico de personas;

cómo se sanciona al empleador que viola la legislación;

y cómo se evita que el problema migratorio termine sustituyendo al trabajador dominicano en determinadas áreas productivas.

Pero hay otra dimensión.

La República Dominicana necesita una diplomacia que consiga que la comunidad internacional comprenda que Haití es una responsabilidad internacional y no una responsabilidad dominicana.

La República Dominicana puede cooperar.

Puede ayudar.

Puede tener solidaridad.

Pero no puede asumir unilateralmente la solución de una crisis que pertenece a todo el sistema internacional.

Ese equilibrio requiere experiencia diplomática.

Y ahí aparece una de las dimensiones centrales de Leonel Fernández.

VI. Política exterior: la República Dominicana necesita volver a pensar internacionalmente

La República Dominicana es una nación pequeña territorialmente, pero extraordinariamente expuesta al mundo.

Depende de:

Estados Unidos;

Canadá;

Europa;

Centroamérica;

Caribe;

China;

mercados financieros;

turismo internacional;

remesas;

inversión extranjera;

comercio;

organismos multilaterales;

energía;

tecnología;

y cadenas globales de suministro.

Por eso, la política exterior no puede ser decorativa.

Tiene que ser una herramienta de desarrollo nacional.

El propio MIREX define la política exterior como un instrumento para promover los intereses nacionales en los ámbitos político, económico, social, cultural y ambiental, y para posicionar al país en los organismos internacionales. (MIREX⁠)

La experiencia internacional de Leonel Fernández constituye aquí un elemento particularmente relevante.

Durante su primer gobierno desarrolló una política exterior orientada a superar el aislamiento tradicional del país, fortaleciendo vínculos con CARICOM, Centroamérica y otros espacios internacionales. (Fundación Global Democracia y Desarrollo⁠)

Más importante todavía: su visión política estuvo marcada por una comprensión temprana de la globalización.

La creación de FUNGLODE en el año 2000 fue precisamente concebida como un centro de pensamiento destinado a estudiar globalización, economía, política, tecnología, relaciones internacionales, seguridad alimentaria, educación, salud, energía, agua y medio ambiente. (Fundación Global Democracia y Desarrollo⁠)

Ese elemento merece atención.

Porque un estadista no solamente administra instituciones.

Un estadista construye pensamiento.

VII. Leonel Fernández: la diferencia entre haber gobernado y haber aprendido a gobernar

Aquí aparece la cuestión central de este análisis.

¿Por qué Leonel Fernández?

La respuesta no debería descansar simplemente en que fue presidente.

Tampoco únicamente en las obras realizadas durante sus gobiernos.

La diferencia está en la combinación de cuatro elementos:

experiencia de gobierno + formación intelectual + experiencia internacional + tiempo de reflexión fuera del poder.

Leonel Fernández gobernó la República Dominicana en tres períodos: 1996-2000 y 2004-2012. (Fundación Global Democracia y Desarrollo⁠)

Su primer gobierno se produjo en el momento en que la globalización comenzaba a redefinir profundamente la economía mundial.

Su regreso al poder en 2004 ocurrió después de una de las mayores crisis económicas y bancarias de la historia reciente dominicana.

Y su último período tuvo que enfrentar la crisis financiera internacional de 2008.

La documentación del Banco Central registra que entre 2004 y 2008 se produjo una recuperación importante de la estabilidad macroeconómica después de la crisis bancaria, con reducción del déficit cuasifiscal, recuperación de reservas, crecimiento de la inversión extranjera y reducción del desempleo. (Banco Central⁠)

Pero la experiencia de Leonel no debe evaluarse únicamente por sus resultados.

Debe evaluarse también por las crisis que le correspondió administrar.

Un gobernante que únicamente ha gobernado en tiempos de bonanza conoce una parte del Estado.

Un gobernante que ha tenido que reconstruir después de una crisis bancaria, administrar shocks externos y conducir una economía pequeña dentro de una economía global conoce otra dimensión del poder.

VIII. El valor de la experiencia cuando se combina con la reflexión

Hay una dimensión de Leonel Fernández que puede resultar incluso más importante que sus períodos de gobierno:

los años fuera del poder.

La oposición puede ser una escuela.

La distancia del Palacio Nacional permite observar lo que ocurre sin tener que justificar cada decisión administrativa.

Permite comparar.

Permite estudiar.

Permite revisar.

Permite escuchar.

Permite leer.

Permite viajar.

Permite observar otras experiencias.

Y permite comprender algo que muchas veces el poder impide comprender:

qué errores se cometieron cuando se estaba gobernando.

Ese proceso de reflexión puede producir una cualidad que raramente se obtiene desde el ejercicio permanente del poder: sabiduría política.

La experiencia sin reflexión puede convertirse en rutina.

La experiencia acompañada de reflexión puede convertirse en sabiduría.

Y esa podría ser una de las principales características que habría que evaluar en Leonel Fernández frente a la coyuntura actual.

No se trata simplemente del Leonel que gobernó.

Se trata del Leonel que ha tenido tiempo para observar al país después de haberlo gobernado.

IX. La obra material como expresión de una concepción de país

Los gobiernos de Fernández dejaron una huella particularmente visible en infraestructura y modernización.

El Metro de Santo Domingo constituye probablemente el símbolo más conocido de aquella visión.

Pero el análisis no debe quedarse en el Metro.

Lo importante es comprender la lógica que había detrás:

infraestructura como instrumento de transformación territorial.

Transporte.

Carreteras.

Túneles.

Universidades.

Infraestructura tecnológica.

Conectividad.

Modernización urbana.

Inserción internacional.

La cuestión relevante para 2028 no sería repetir las mismas obras.

Sería recuperar la capacidad de pensar en obras y sistemas que correspondan al país de 2030, 2040 y 2050.

El país de hoy necesita:

un sistema nacional de transporte integrado;

ferrocarriles;

interconexión territorial;

agua;

infraestructura energética;

ciudades inteligentes;

infraestructura digital;

puertos y aeropuertos competitivos;

sistemas de producción agrícola tecnificados;

infraestructura de almacenamiento;

y conectividad nacional.

Es decir:

pasar de la obra individual al sistema nacional.

X. Medio ambiente: el desarrollo no puede destruir el territorio

La República Dominicana tiene una limitación fundamental: es una isla.

Eso significa que cada río, cada acuífero, cada montaña, cada bosque y cada zona costera tiene un valor estratégico.

La cuestión ambiental, por tanto, no puede quedar subordinada a la coyuntura política.

En 2024, el Ministerio de Medio Ambiente reportó 415 incendios forestales que afectaron unas 99,168 tareas, equivalentes a aproximadamente 6,198 hectáreas. (MARN⁠)

En 2026, además, el conflicto alrededor del proyecto minero Romero en San Juan volvió a colocar en el centro del debate la relación entre minería, agua, agricultura y protección ambiental. (El País⁠)

El país necesita superar la falsa dicotomía entre desarrollo y medio ambiente.
La verdadera ecuación es:
desarrollo sostenible o deterioro irreversible.
Leonel Fernández, por su formación y por el trabajo desarrollado durante años alrededor de FUNGLODE, ha mantenido una agenda de pensamiento que incluye precisamente medio ambiente, cambio climático, agua y desarrollo sostenible. (Fundación Global Democracia y Desarrollo⁠)
Eso puede convertirse en una ventaja conceptual si se traduce en políticas concretas.

XI. Corrupción: el verdadero desafío es recuperar la confianza

No existe desarrollo sostenible sin confianza.

No existe inversión sin seguridad jurídica.

No existe democracia fuerte sin instituciones confiables.

Y no existe Estado moderno si el ciudadano percibe que las instituciones funcionan de manera distinta dependiendo de quién sea el ciudadano.

Aquí hay que hacer una precisión.

No sería serio afirmar que la República Dominicana no ha tenido avances institucionales o que todo esfuerzo anticorrupción ha fracasado.

De hecho, Transparencia Internacional colocó al país en 37 puntos en su Índice de Percepción de la Corrupción 2025 y señaló que República Dominicana ha registrado una “mejora significativa” desde 2012, aunque la organización advierte que las Américas siguen sin avances suficientes en la lucha contra la corrupción. (Transparency.org⁠)

El problema es otro:

la lucha contra la corrupción no puede depender de quién esté en el gobierno.

Debe existir una arquitectura institucional que haga difícil robar, difícil ocultar y difícil quedar impune.

Eso exige:

compras públicas transparentes;

trazabilidad del gasto;

declaraciones patrimoniales efectivas;

fortalecimiento de los órganos de control;

fiscalías independientes;

justicia eficiente;

protección de denunciantes;

inteligencia financiera;

digitalización;

y una cultura ética dentro del Estado.

La República Dominicana necesita pasar de la política de persecución del corrupto a una política de prevención estructural de la corrupción.

Y esa sería una de las pruebas más importantes para cualquier eventual nuevo gobierno del presidente Leonel Fernández.

XII. La gran deuda pendiente: convertir el crecimiento en transformación

El gran debate nacional de los próximos años debería ser éste:

¿Puede República Dominicana convertirse en un país desarrollado sin transformar profundamente la calidad de su Estado?

La respuesta probablemente sea no.

El país necesita una segunda gran modernización.

La primera gran transformación estuvo vinculada con la apertura económica, infraestructura, turismo, telecomunicaciones, inversión extranjera y expansión de los servicios.

La segunda debe estar vinculada con:

inteligencia artificial;

educación de calidad;

ciencia;

innovación;

industria;

agroindustria;

energía;

agua;

transporte;

salud;

Aviación Civil

seguridad;

institucionalidad;

digitalización;

y productividad.

Eso requiere un liderazgo con capacidad de comprender simultáneamente el mundo y el territorio dominicano.

XIII. Leonel ante una circunstancia diferente

Pero aquí también debe establecerse una advertencia.

No se trata de regresar al año 1996.

Tampoco de regresar al año 2004.

Ni siquiera de repetir el período 2004-2012.

El país que tendría que gobernarse en 2028 sería completamente diferente.

El mundo cambió.

La inteligencia artificial cambió la economía.

La geopolítica cambió.

Estados Unidos cambió.

China cambió.

Europa cambió.

Haití cambió.

El Caribe cambió.

La energía cambió.

La guerra tecnológica cambió.

El cambio climático cambió.

Y la sociedad dominicana cambió.

Por eso, si Leonel Fernández aspirara nuevamente a conducir el Estado, su principal desafío no sería demostrar que puede hacer lo que hizo antes.

Sería demostrar que puede hacer lo que nunca ha hecho antes porque el país tampoco es el mismo.

Ese es el verdadero desafío.

XIV. Rescatar sin destruir

Aquí puede encontrarse el concepto central de todo el análisis:

Rescatar no significa volver atrás.

Rescatar significa recuperar lo que funcionaba.

Transformar significa modificar lo que ya no funciona.

Y preservar significa no destruir los activos que el país ha construido.

La República Dominicana no necesita una revolución destructiva.

Necesita una reconstrucción inteligente.

No hay que destruir el turismo: hay que hacerlo más sostenible y con mayor encadenamiento productivo.

No hay que destruir la inversión extranjera: hay que atraerla hacia sectores estratégicos.

No hay que destruir el sector privado: hay que hacerlo más productivo y competitivo.

No hay que desmontar la estabilidad monetaria: hay que utilizarla como plataforma para el desarrollo.

No hay que abandonar la apertura internacional: hay que utilizarla mejor.

No hay que eliminar los programas sociales: hay que hacerlos más inteligentes y focalizados.

No hay que sustituir instituciones: hay que fortalecerlas.

No hay que destruir lo construido.

Hay que corregir, completar, modernizar y superar.

Ese debería ser el concepto de una eventual nueva etapa.

  1. La persona detrás del político

Hay además una dimensión humana que no puede ignorarse.

Leonel Fernández no sería hoy el mismo hombre que llegó a la Presidencia en 1996.

Tiene detrás décadas de experiencia política, académica, internacional y presidencial.

Ha visto triunfos.

Ha visto derrotas.

Ha visto compañeros convertirse en adversarios.

Ha visto aliados abandonar.

Ha visto cómo cambian las sociedades.

Ha experimentado el poder y la oposición.

Y ha podido observar la República Dominicana desde la Presidencia y desde fuera de ella.

Ese recorrido puede producir algo que no se obtiene mediante un curso universitario:

perspectiva.

La perspectiva permite comprender que el poder es transitorio, pero el Estado permanece.

Que los gobiernos pasan, pero las instituciones quedan.

Que las obras pueden inaugurarse en cuatro años, pero sus consecuencias pueden durar cincuenta.

Que una mala decisión migratoria puede afectar generaciones.

Que una política energética equivocada puede comprometer décadas.

Que una deuda mal administrada termina siendo pagada por quienes todavía no han nacido.

Y que una buena política educativa puede transformar un país entero.

Eso es precisamente lo que diferencia al político del estadista

XVI. El estadista no gobierna para su próximo discurso

El político convencional piensa en la próxima elección.

El estadista piensa en la próxima generación.

Esa diferencia es esencial.

La República Dominicana necesita comenzar a pensar en horizontes de:

Y 2060.

Necesita una política de Estado para:

agua;

alimentos;

energía;

fronteras;

transporte;

educación;

ciencia;

tecnología;

aviación;

turismo;

industria;

agricultura;

Aviacion civil

medio ambiente;

ciudades;

seguridad;

salud;

y relaciones internacionales.

Por eso el eventual proyecto de Leonel Fernández no debería presentarse como una simple candidatura presidencial.

Debería ser evaluado como una propuesta de reconstrucción estratégica del Estado Dominicano

XVII. La verdadera prueba de Leonel Fernández

La historia política dominicana le plantea a Leonel Fernández una pregunta distinta a las que enfrentó anteriormente.

Ya no se trata solamente de:

“¿Puede gobernar?”

Eso ya lo hizo.

La pregunta es:

“¿Qué haría diferente después de haber visto al país desde el poder y desde la oposición?”

Y una segunda pregunta es todavía más importante:

“¿Puede convertir toda esa experiencia acumulada en una nueva visión de Estado?”

Ahí estará la verdadera evaluación histórica.

Porque el país no necesita únicamente un administrador.

Necesita dirección.

No necesita únicamente un político experimentado.

Necesita experiencia acompañada de renovación.

No necesita solamente obras.

Necesita sistemas.

No necesita solamente crecimiento.

Necesita desarrollo.

No necesita solamente estabilidad.

Necesita prosperidad.

No necesita solamente seguridad fronteriza.

Necesita una política migratoria integral.

No necesita solamente relaciones exteriores.

Necesita diplomacia orientada al desarrollo.

No necesita solamente lucha anticorrupción.

Necesita instituciones capaces de prevenirl

XVIII. Una nueva etapa histórica

La coyuntura dominicana puede terminar produciendo una conclusión de enorme importancia:

el país no está condenado al deterioro.

Tampoco está condenado a repetir el pasado.

La República Dominicana conserva suficientes fortalezas para emprender una nueva etapa.

Pero para hacerlo necesita un liderazgo que entienda que gobernar no consiste en administrar la coyuntura, sino en construir futuro.

En ese escenario, Leonel Fernández aparece como una figura política que merece ser examinada no solamente por su pasado presidencial, sino por la combinación de experiencia, formación, conocimiento internacional y años de reflexión política acumulados.

Su desafío sería enorme.

Tendría que demostrar que puede transformar esa experiencia en una nueva propuesta nacional.

Tendría que reconocer errores del pasado.

Tendría que superar viejas prácticas.

Tendría que construir nuevas generaciones de liderazgo.

Tendría que establecer controles mucho más rigurosos sobre el Estado.

Tendría que garantizar que la eficiencia pública esté por encima del interés partidario.

Y tendría que demostrar que su eventual retorno no sería un regreso al pasado, sino una nueva etapa de pensamiento y conducción nacional

XIX. Conclusión: no regresar, sino avanzar con experiencia

La República Dominicana no necesita regresar al pasado.

Necesita aprender de él.

Y esa diferencia es fundamental.

El país necesita mirar hacia adelante con la memoria de lo que funcionó, con la conciencia de lo que falló y con la determinación de no repetir los errores.

Leonel Fernández tiene una particularidad que ningún candidato nuevo puede adquirir en poco tiempo:

ha gobernado la República Dominicana, ha vivido las consecuencias de gobernarla, ha conocido el poder, ha conocido la oposición y ha tenido años para estudiar nuevamente al país y al mundo.

Esa experiencia constituye una ventaja potencial.

Pero también constituye una responsabilidad.

Porque mientras más experiencia tiene un dirigente, mayor es la obligación histórica de no repetir sus errores.

Por eso, la eventual propuesta de Leonel Fernández para la República Dominicana no debería ser:

“volver a gobernar”.

Debería ser:

“volver a pensar el Estado.”

Volver a pensar la economía.

Volver a pensar la producción.

Volver a pensar la agricultura.

Volver a pensar la frontera.

Volver a pensar la migración.

Volver a pensar la Aviación civil.

Volver a pensar la educación.

Volver a pensar la energía.

Volver a pensar el agua.

Volver a pensar el medio ambiente.

Volver a pensar la seguridad.

Volver a pensar las ciudades.

Volver a pensar la política exterior.

Volver a pensar la tecnología.

Volver a pensar la institucionalidad.

Y, sobre todo, volver a pensar el futuro dominicano.

Porque rescatar a la República Dominicana no significa encontrar un país destruido y reconstruirlo desde cero.

Significa encontrar un país con enormes fortalezas, pero también con problemas acumulados, y tener la capacidad de corregir sin destruir, transformar sin improvisar y modernizar sin perder la identidad nacional.

Ese puede ser el concepto de una nueva etapa:

Una República Dominicana que no renuncie a lo que ha construido, pero que tampoco se conforme con lo que tiene.

Una República Dominicana que pase de administrar el presente a construir el futuro.

Y un liderazgo que entienda que el verdadero poder no consiste en ocupar el Estado, sino en poner el Estado al servicio de la nación.

En esa perspectiva debe estudiarse a Leonel Fernández: no solamente como la persona, no solamente como el político y no solamente como el expresidente, sino como el hombre de Estado que, después de haber recorrido el poder y la oposición, enfrenta la posibilidad histórica de convertir experiencia, conocimiento y reflexión en *una nueva visión para rescatar y transformar la República Dominicana sin dañarla*

𝓜𝓪𝓷𝓾𝓮𝓵 𝓑𝓻𝓲𝓽𝓸
𝑷𝒆𝒓𝒊𝒐𝒅𝒊𝒔𝒕𝒂 / 𝑨𝒃𝒐𝒈𝒂𝒅𝒐
𝑻𝒊𝒕𝒖𝒍𝒂𝒓 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝑺𝒆𝒄𝒓𝒆𝒕𝒂𝒓í𝒂 𝒅e 𝑨𝒆𝒓𝒐𝒏á𝒖𝒕𝒊𝒄𝒂 𝑪𝒊𝒗𝒊𝒍