Opinión. Friday, 28 de August, 2026
Usar los medios de comunicación, alternativos o no, para arrastrar por el piso el nombre de una figura pública, parece ser el deporte nacional en la República Dominicana, perfecto, algunos lo soportan y otros no, pero más pronto que tarde tendremos un muerto como reacción a tantas palabras obscenas dichas en contra de otros seres humanos, que supongo merecen algo de respeto, o quizás en cambio seremos un país llenos de eunucos donde a los niños y niñas les cortaron testículos y ovarios a la hora de nacer.
Un precio que tiene que pagar cualquiera que se dedique, quiéralo o no, a ser conocido, que es lo mismo que ser figura pública, es ser objeto del morbo popular, cosa que todos debemos entender, más lo mínimo que manda la decencia y la educación, es el respeto a la familia, a nuestros hijos y a nuestra intimidad, siempre y cuando estos hayan decidido mantenerse en el anonimato, supongo se entiende que el derecho a la intimidad y al buen nombre es algo muy personal.
Por eso me es difícil entender, quizás lo entiendo pero me niego a creerlo, la cantidad de insultos y maledicencias que en los últimos días ha sufrido mi amigo Víctor Gómez Casanova, de parte de una persona que por su capacidad retórica y su buen hablar, sobretodo por la cantidad de enemigos que se ha ganado en los últimos tiempos, pues pareciera tener cargada un metralleta de insultos, y debería detener en algún momento ese afán de crear nuevos adversarios. A Víctor, por supuesto, lo conocí cuando era muy joven, es el hijo de Don Víctor y Doña Carmensina, ambos vinculados al presidente Balaguer, y casi siempre me tocó estar en contra de sus proyectos dentro del partido reformista, cosas de la vida.
Una notable brecha generacional y de tradición política nos separaba, lo que no evitó que siempre expresara mi respeto hacia sus padres y que hasta la hora de su muerte su madre y yo siempre tuviéramos una comunicación abierta y me llenaba de consejos pasándome en palabras parte de su enorme experiencia de estado. Conozco a su familia, además he sido médico de algunos de ellos, y consultor en temas de salud cuando las cosas se han puesto serias, como el caso del accidente de Víctor en la autopista Duarte donde por poco pierde la vida:
Conozco a su esposa desde hace tanto que no recuerdo la fecha, no es mi forma de ser andar de arriba para abajo con mis amigos, pero creo que el cariño y respeto que tengo por ellos, una familia ejemplar, con hijos educados y respetuosos, me permiten sostener que los conozco perfectamente y se de su capacidad de trabajo y comportamiento correcto.
Teniendo eso como premisa, de que conozco su entorno familiar y se de él desde que dejó la milicia y comenzó a trabajar en los medios de comunicación leyendo noticias y posteriormente hablando en la radio, me creo en la obligación de hablar del Victor Gómez Casanova que yo conozco, una persona inquieta, correcta, buen padre y amigo; una persona honorable y que como funcionario público y legislador se ha comportado mucho mejor de lo que han hecho muchos de los que no se habla y andan por ahí con la cara más fresca que un guandul.
Entonces, en un país cuyos problemas merecen ser discutidos por los que usan los medios de comunicación, hay personas que tienen tiempo para traer por los moños situaciones que, más que evidentemente, son personales, probablemente emocionales, para denostar a un exfuncionario público que salió del gobierno hace ya más de 6 años, cuando, por su lado, pasan cientos de personeros que ninguno puede demostrar un centavo de lo que disfrutan en forma pública.
Es que algunos tienen los escrúpulos de María Gargajos, esa que era tan limpia pero tan limpia, que para freír un huevo tiraba un escupitajo en la sartén para saber si el aceite estaba caliente. Mi solidaridad con Víctor Gómez Casanova y su familia. No creo que se merezca los insultos personales con los que ha sido herido en los últimos días.
Humberto Salazar