Opinión. Wednesday, 07 de October, 2026
La República Dominicana necesita una Policía Nacional cada vez más profesional, preparada y comprometida con la seguridad ciudadana. Pero para construir esa institución no basta con aumentar el número de agentes: también es indispensable elevar la calidad de quienes ingresan a sus filas.
Un aspecto que merece una discusión seria es el proceso de depuración de los aspirantes a policías.
Presentar un Certificado de No Antecedentes Penales es, sin dudas, un requisito importante. Sin embargo, ese documento no puede convertirse en la única referencia para determinar si una persona reúne las condiciones necesarias para convertirse en servidor policial.
Un papel puede certificar que alguien no registra determinados antecedentes judiciales. Pero no necesariamente revela quién es esa persona, cómo se comporta, cuáles son sus relaciones, qué nivel de disciplina posee, cómo maneja la presión, cuál es su entorno social o si tiene conductas incompatibles con la función policial.
La propia normativa policial contempla un proceso de selección mucho más amplio. El Reglamento de Aplicación de la Ley Orgánica de la Policía Nacional establece que la selección debe evaluar, entre otros aspectos, las aptitudes, experiencia, competencias básicas, relaciones interpersonales y condiciones de personalidad. También contempla evaluaciones médicas, toxicológicas, psicológicas, poligráficas y socioeconómicas.
Entonces surge una pregunta que debemos hacernos como sociedad:
¿Estamos aplicando realmente una depuración profunda o estamos concentrándonos demasiado en verificar documentos?
Un futuro agente policial tendrá acceso a armas de fuego, información sensible, vehículos oficiales, bases de datos, instalaciones estratégicas y, sobre todo, ejercerá autoridad sobre ciudadanos.
Por eso, antes de entregarle un uniforme y un arma, el Estado debe tener la mayor certeza posible de que se trata de una persona íntegra, equilibrada, disciplinada y con verdadera vocación de servicio.
La depuración debe comenzar antes de la incorporación y mantenerse durante toda la carrera policial.
No se trata de violar derechos fundamentales ni de discriminar a una persona por su familia, su barrio, sus amistades o su pasado. Se trata de establecer mecanismos legales, objetivos, verificables y respetuosos de la dignidad humana que permitan identificar riesgos que un simple certificado judicial no necesariamente muestra.
También debe prestarse atención a posibles vínculos con organizaciones criminales, consumo problemático de sustancias, falsificación de documentos, conductas violentas, problemas disciplinarios anteriores, conflictos de interés y otros factores relevantes para el ejercicio de una función policial.
La Policía Nacional está atravesando un proceso de transformación y profesionalización. En septiembre de 2026, cientos de jóvenes acudieron a iniciar las evaluaciones para ingresar a la institución, mientras las autoridades han destacado la importancia de incorporar nuevos talentos y fortalecer las capacidades operativas.
Precisamente por eso, mientras más personas ingresen, más importante debe ser la calidad de la depuración.
Necesitamos cantidad, sí, pero sobre todo necesitamos calidad.
Un policía no puede ser seleccionado únicamente porque cumple con la edad, es bachiller, presenta una certificación de buena conducta y supera determinados requisitos físicos. Debemos preguntarnos también si posee el carácter, la estabilidad emocional, la disciplina, la ética y la vocación necesarias para representar al Estado frente a la ciudadanía.
La seguridad pública comienza mucho antes de que un agente salga a patrullar.
Comienza en el proceso de selección.
Un error en la depuración puede terminar convirtiéndose en un problema para toda la sociedad.
Por eso, el mensaje debe ser claro:
No basta con el papel de no antecedentes.
La República Dominicana necesita
Por Luis Ángel Padilla Torres