Opinión. Friday, 17 de July, 2026
La palabra tigüere forma parte del lenguaje cotidiano de los dominicanos y ha trascendido generaciones como una expresión que describe una forma particular de actuar y de enfrentar la vida. Está tan arraigada en nuestra cultura que, para muchos, ya no representa un insulto, sino una manera de identificar a personas con habilidades naturales para desenvolverse en cualquier circunstancia. Su significado cambia según el contexto, el tono con que se pronuncie y la conducta de quien recibe ese calificativo.
El tigüere dominicano es, por lo general, una persona ingeniosa, observadora y con una extraordinaria capacidad para adaptarse a cualquier ambiente social. Sabe resolver problemas con creatividad, encuentra oportunidades donde otros solo ven dificultades y posee una facilidad innata para comunicarse con personas de todos los niveles. Esa habilidad para sobrevivir en escenarios complejos lo convierte en un personaje muy característico de los barrios, pueblos y ciudades del país.
Su forma de hablar, sus gestos, su seguridad y su comportamiento son rasgos que lo distinguen. El tigüere suele expresarse con confianza, utilizando un lenguaje popular lleno de ocurrencias, refranes y expresiones propias de la cultura dominicana. Esa personalidad le permite ganarse el respeto o la simpatía de quienes lo rodean, aunque en ocasiones también puede despertar desconfianza por su carácter impredecible.
Sin embargo, no todos los tigüeres son iguales. Existen aquellos que utilizan su inteligencia y su picardía para ayudar a los demás, resolver conflictos y salir adelante de manera honesta. Son personas simpáticas, carismáticas y solidarias que saben abrirse camino gracias a su talento natural y a su capacidad para relacionarse con la gente.
También existe el lado menos positivo del tigüere. Algunos emplean sus habilidades para aprovecharse de los demás, manipular situaciones o sacar ventajas personales. En estos casos aparecen figuras oportunistas, embaucadoras o alimañas, cuya astucia deja de ser una virtud para convertirse en una conducta que afecta la confianza y la convivencia social.
La cultura popular dominicana incluso ha creado diferentes categorías para identificar las distintas personalidades del tigüere. Se habla del tigre gallo, siempre dispuesto al enfrentamiento; del tigre bimbín, que aparenta más de lo que realmente es; del tigre león, que inspira respeto por su liderazgo; del tigre tranca, conocido por su firmeza y capacidad para imponer autoridad; y del famoso tigre tigre, considerado el más astuto y experimentado de todos. Estas expresiones reflejan la riqueza del lenguaje popular y la creatividad con que el dominicano describe a las personas.
Más que una simple palabra, el tigüere representa un fenómeno social que ha sido estudiado por escritores, sociólogos y comunicadores como parte de la identidad cultural dominicana. Es un personaje que nace de la necesidad de sobrevivir, de las dificultades económicas, de la convivencia en los barrios y de la capacidad del dominicano para convertir la adversidad en ingenio. Por eso, el término ha permanecido vigente y continúa formando parte del vocabulario diario de varias generaciones.
En definitiva, ser llamado tigüere puede interpretarse de muchas maneras. Todo dependerá de los valores, el comportamiento y las acciones de la persona. La verdadera grandeza no consiste únicamente en ser astuto o saber desenvolverse en cualquier ambiente, sino en utilizar esa inteligencia con honestidad, respeto y solidaridad. Cuando esas cualidades acompañan al ingenio, el tigüere deja de ser simplemente un personaje popular para convertirse en un ejemplo de superación y liderazgo positivo dentro de la sociedad dominicana.
Por Roberto Veras