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Nuestras niñas también importan

Opinión. Tuesday, 07 de July, 2026

República Dominicana tiene problemas sociales graves que no causan alarma. Las uniones tempranas son uno de ellos. Según la encuesta ENHOGAR-MICS 2025, un 27% de las dominicanas de 20 a 24 años se había casado o unido antes de los 18 años, y una de cada diez lo hizo antes de los 15 años.

Lamentablemente, los indicadores descendieron muy lentamente desde la encuesta de 2019, continuando por encima del promedio de América Latina y de países de renta media-alta. Es decir, República Dominicana exhibe niveles peores que los esperados dado su nivel de desarrollo. Los resultados anteriormente descritos son responsabilidad del Estado dominicano, no de una gestión de gobierno en particular.

Esto ocurre a pesar de la Ley No. 1-21, que prohíbe el matrimonio infantil. Aunque la ley expresa el rechazo del Estado dominicano a estas uniones, las causas estructurales siguen presentes: hogares expuestos a violencia intrafamiliar, prácticas culturales que normalizan el matrimonio infantil, y la percepción de la unión como salida de la pobreza.

Las uniones tempranas son un problema muy desigual e injusto. Afectan más a las niñas que viven en los hogares más pobres del país, especialmente aquellos de las regiones Cibao Nordeste, Cibao Noroeste, Enriquillo e Higuamo.

Las consecuencias marcan la vida de las niñas dominicanas. Una niña casada o unida tiene mayor probabilidad de quedar embarazada siendo adolescente, sufrir violencia intrafamiliar y abandonar sus estudios, y es muy probable que sus hijos sean pobres a futuro.

Las estadísticas son contundentes. Seis de cada diez mujeres que estuvieron unidas antes de los 18 años fueron madres adolescentes. Esta tendencia parece que se ha heredado, ya que una alta proporción de las madres adolescentes de hace menos de dos décadas hoy tienen hijas que también son madres adolescentes. Asimismo, el 70% de las adolescentes embarazadas estudiaba al momento de concebir, pero solo el 20% retoma sus estudios tras el parto.

Es posible reducir las uniones tempranas. Una combinación de intervenciones orientadas a niñas y adolescentes de mayor riesgo puede generar reducciones en pocos años. Entre las iniciativas que ayudan a mitigar el fenómeno se encuentran los Clubes de Chicas, programas de acompañamiento familiar y social para sensibilizar el entorno de las niñas, la promoción del acceso a educación sexual integral basada en evidencia y que incluya la abstinencia, y mayor acceso a la educación formal y técnico-vocacional sin excluir a las niñas ya unidas o que son madres.

No obstante, hay que aumentar la inversión pública en dichas intervenciones. El monto actualmente presupuestado luce insuficiente ya que se necesitaría entre cinco y ocho veces dicho valor por año, alrededor de un 1% del presupuesto de cada año. Este es un gasto que se paga solo, ya que por cada peso invertido en prevención se generan hasta 28 pesos de valor social, uno de los multiplicadores más altos que existen en política social.

La sociedad dominicana debe actuar de manera contundente contra las uniones tempranas. Se necesita más visibilidad crítica del problema y más recursos para financiar las iniciativas. No hacerlo es seguir condenando a miles de niñas a la pobreza, falta de oportunidades y violencia. Es hora de demostrar que nuestras niñas también importan.

Por Richard Medina