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Tuve un sueño

Opinión. Tuesday, 22 de September, 2026

Anoche, luego de una jornada intensa y agotadora, cuando caí en los brazos de Morfeo, tuve un sueño que, por un momento, me llenó de ilusión y felicidad.

Soñé que mi ciudad estaba dividida en cuatro polos: uno de turismo, otro de industria, otro de comercio y, por último, uno gubernamental.

Soñé que mi ciudad, tal como decía el alcalde en la página 4 de su plan de gestión, era la «más limpia, ordenada y segura» de todo el país.

Atendiendo a esto último, incluso soñé que lo ocurrido en casa de Julián Oro Duro, o el atraco a la vecina de Altos de Cancino, eran ilusiones propias del aburrimiento que da tener una ciudad tan tranquila.

Soñé que se había licitado y estaba bien avanzado el Centro de Apoyo Comunitario. Incluso, en el sueño oí una voz que me dijo que con el PROA «dejaremos atrás el aislamiento del barrio para integrar la ciudad».

Seguí transitando durante mis horas de sueño por las calles de la ciudad y no vi contenedores convertidos en vertederos móviles, porque desde los primeros días de instalación de las actuales autoridades se había puesto en marcha un novedoso Sistema Integral de Residuos Urbanos, con una recogida eficiente, una logística de transferencia, un plan de aseo urbano y otras iniciativas, incluyendo Centros de Residuos Urbanos y una recogida de basura muy predecible.

Soñé que no había perros en las calles y mucho menos personas con enfermedades mentales, porque los perros estaban en la «Casa del Firulay» y las personas recibían un trato digno en el Hogar de Acogida que había hecho la alcaldía.

Confieso que no quería despertar, pues era un gran sueño. Pero, sutilmente, del otro lado de la cama, mi esposa me decía: «Mihail, Mihail, despierta que hay que ir a trabajar y está lloviendo». Al levantarme le dije: «Oh, mi amor, ¿por qué te preocupas? Ya las calles no se inundan, o sea que podemos estar tranquilos. Han pasado más de 850 días de esta alcaldía y eso se solucionó en los primeros 100 días».

Mi esposa me miró con pena y me dijo: «¿Te lo soñaste?»

Ahí me di cuenta de que a veces hay personas tan buenas mercadólogas que pueden vender hasta sueños…


Por Mihail García