Opinión. Monday, 22 de June, 2026
Por: Jeffrey Medina
Cuando se habla del reciente incendio ocurrido en un hotel de Bayahíbe, la atención suele centrarse en las llamas, los daños materiales o las investigaciones para determinar el origen del siniestro. Sin embargo, existe una pregunta mucho más importante que deberíamos hacernos como país: ¿qué habría pasado si las casi 1,700 personas alojadas en el complejo no hubiesen logrado evacuar a tiempo?
La cifra por sí sola debería obligarnos a reflexionar. Aproximadamente 1,690 huéspedes fueron evacuados durante la emergencia. Una turista perdió la vida. Varias personas requirieron atención médica por inhalación de humo, dificultad respiratoria y otras afecciones asociadas a la exposición al incendio. Afortunadamente, la historia no terminó peor. Pero pudo haberlo hecho.
En gestión de riesgos existe un principio que suele olvidarse después de que la emergencia termina: el resultado final no siempre refleja la magnitud real del peligro. Que una tragedia mayor no haya ocurrido no significa necesariamente que el riesgo era pequeño. En ocasiones, la diferencia entre un incidente controlado y una catástrofe internacional depende de minutos, decisiones oportunas, sistemas de protección que funcionan correcta o simplemente de una dosis de suerte que no siempre estará disponible la próxima vez.
Imaginemos por un momento un escenario distinto. Un incendio que inicia de madrugada, cuando la mayoría de los huéspedes duerme profundamente. Alarmas que no son escuchadas a tiempo. Pasillos llenos de humo. Personas desorientadas intentando encontrar una salida en un entorno desconocido, familias separadas, niños, adultos mayores. personas con movilidad reducida… el resultado habría sido devastador.
La historia reciente del mundo está llena de ejemplos dolorosos que demuestran que los incendios en instalaciones turísticas pueden convertirse en tragedias de dimensiones internacionales. Cuando esto ocurre, las consecuencias trascienden la pérdida de vidas humanas. Se afecta la confianza de los viajeros, la reputación de los destinos turísticos, la imagen de las cadenas hoteleras, las inversiones futuras e incluso la percepción global de la capacidad de un país para proteger a quienes lo visitan.
República Dominicana recibe millones de turistas cada año. El turismo representa uno de los pilares fundamentales de nuestra economía. Cada visitante que llega al país deposita confianza en nuestras infraestructuras, en nuestros sistemas de emergencia, en nuestras autoridades, en nuestros hoteles y en nuestra capacidad colectiva para garantizar su seguridad.
Por esa razón, la seguridad no puede verse como un requisito regulatorio, un gasto operativo o una obligación documental. Debe entenderse como un componente estratégico de la competitividad nacional
Muchas veces las inversiones en seguridad son invisibles para el huésped. Los sistemas de detección de incendios pasan desapercibidos. Las inspecciones técnicas no aparecen en las fotografías promocionales. Los simulacros no forman parte de los paquetes vacacionales. Los sistemas de rociadores, las puertas cortafuego, las rutas de evacuación o los entrenamientos de brigadas rara vez reciben reconocimiento cuando funcionan correctamente.
Sin embargo, son precisamente esos elementos los que marcan la diferencia entre una emergencia manejable y una tragedia masiva.
El incendio de Bayahíbe también deja una enseñanza para otros sectores. Hospitales, centros comerciales, escuelas, edificios corporativos, industrias, almacenes, restaurantes y espacios de concentración masiva enfrentan desafíos similares. La pregunta que cada organización debería hacerse no es si cuenta con un plan de emergencia archivado en una oficina. La verdadera pregunta es si ese plan funcionaría bajo presión, con humo, oscuridad, confusión y cientos de personas intentando ponerse a salvo al mismo tiempo.
Las investigaciones determinarán qué ocurrió exactamente. Identificarán causas, factores contribuyentes y posibles responsabilidades. Sin embargo, existe una lección que no necesita esperar los resultados finales.
La prevención sigue siendo la inversión más rentable que puede realizar cualquier organización porque cuando la seguridad funciona, nadie habla de ella. Cuando falla, el mundo entero la observa.
Esta vez el país evitó una tragedia de dimensiones mucho mayores. La próxima vez podríamos no tener la misma oportunidad. La verdadera noticia no es únicamente que hubo un incendio. La verdadera noticia es que cerca de 1,700 personas tuvieron que abandonar un hotel para salvar sus vidas. Ese dato debería ser suficiente para recordarnos que la seguridad no es opcional, no es negociable, no puede esperar al próximo presupuesto ni al próximo incidente.
La seguridad debe convertirse en una prioridad nacional, antes de que la próxima emergencia escriba una historia diferente.