×
ECO PLAY TRABAJOS DE INVESTIGACIÓN PROVINCIAS CONTÁCTENOS

La diferencia entre un terremoto y una tragedia

Opinión. Monday, 29 de June, 2026

Por: Jeffrey Medina

El reciente doblete sísmico ocurrido en Venezuela volvió a recordarle al Caribe una realidad que muchas veces preferimos olvidar: vivimos sobre un territorio en constante movimiento. Dos terremotos de gran magnitud ocurrieron con apenas segundos de diferencia, 39 segundos para ser exactos, un fenómeno poco frecuente conocido como «doblete sísmico», capaz de multiplicar el daño porque las estructuras apenas tienen tiempo de resistir el primer impacto cuando ya reciben un segundo.

Las imágenes de edificios colapsados, infraestructuras afectadas, miles de personas desplazadas y operaciones masivas de rescate inevitablemente despertaron preocupación en República Dominicana. En los últimos días, diversos especialistas han recordado que nuestro país se encuentra sobre un sistema de fallas geológicas activas, capaz de generar terremotos de gran magnitud. Algunos han mencionado escenarios de hasta magnitud 8 como parte de los estudios del potencial sísmico de la región. Sin embargo, conviene hacer una aclaración que la ciencia ha repetido durante décadas: nadie puede predecir cuándo ocurrirá un terremoto, ni su fecha, ni su hora, ni su magnitud exacta.

Entonces, si no podemos saber cuándo ocurrirá, ¿por qué deberíamos preocuparnos?

Porque la historia demuestra que los países que mejor enfrentan los terremotos no son aquellos que logran predecirlos, sino aquellos que se preparan antes de que ocurran, y ahí tenemos el caso de Japón que en la misma semana se vio expuesto a un sismo de 6.9 y no hubo ningún tipo de daños. La diferencia entre un desastre y una emergencia manejable casi nunca la determina la fuerza del sismo. La determinan la calidad de las edificaciones, la preparación de la población, los planes de emergencia, la capacidad de respuesta institucional y la cultura preventiva de una sociedad.

En República Dominicana solemos reaccionar cada vez que ocurre un temblor. Las redes sociales se llenan de videos, aparecen rumores, se comparten mensajes alarmistas y vuelven a circular recomendaciones que llevan años siendo desmentidas por la comunidad científica. Una de las más frecuentes es el llamado «Triángulo de la Vida», una teoría que no forma parte de las recomendaciones oficiales de los principales organismos internacionales dedicados a la gestión del riesgo sísmico.

Hoy existe un amplio consenso técnico respaldado por organismos especializados: durante un terremoto, la conducta recomendada es agáchate, cúbrete y agárrate. Agáchate para evitar perder el equilibrio, cúbrete debajo de un escritorio o mesa resistente para proteger la cabeza y el cuello de objetos que puedan caer, luego sujétate firmemente hasta que termine el movimiento. Esta conducta ha sido validada durante décadas mediante investigaciones, simulaciones y experiencias reales alrededor del mundo.

Tan importante como saber qué hacer es entender qué no debe hacerse. Correr hacia las escaleras mientras el edificio se mueve, utilizar ascensores, lanzarse por ventanas o permanecer cerca de cristales representan decisiones que aumentan considerablemente el riesgo de sufrir lesiones.

La preparación tampoco comienza cuando la tierra empieza a temblar. Comienza mucho antes. En cada hogar debería existir un plan familiar de emergencia. Todos deberían conocer las zonas más seguras de la vivienda, identificar las rutas de evacuación una vez finalice el movimiento, disponer de un pequeño kit de emergencia y establecer un punto de encuentro en caso de separación. Las empresas, escuelas, hospitales y edificios públicos necesitan simulacros periódicos, brigadas entrenadas y planes de continuidad que puedan ponerse en marcha inmediatamente después del evento.

El doblete sísmico de Venezuela también deja otra enseñanza. Los terremotos no son los que matan. Lo hacen los edificios vulnerables, la falta de planificación, las decisiones improvisadas y la ausencia de una cultura preventiva. Esa es probablemente la mayor lección que República Dominicana debe aprender mientras observa lo ocurrido en un país vecino.

No sabemos si el próximo gran terremoto ocurrirá este año, dentro de diez años o dentro de cincuenta. Lo que sí sabemos es que vivimos en una región sísmicamente activa y que la preparación no puede seguir dependiendo del miedo que produce la última noticia. Lo que sí está completamente en nuestras manos es el nivel de preparación con el que enfrentaremos ese momento. La diferencia entre una emergencia y una tragedia no suele depender de la magnitud del sismo, sino de las decisiones que tomamos mucho antes de que la tierra comience a moverse.