Opinión. Wednesday, 16 de September, 2026
DEUDA PARA CONSUMIR, ABANDONO PARA PRODUCIR EN LOS ÚLTIMOS SEIS AÑOS DE GOBIERNO
Los propios datos oficiales del Banco Central ofrecen una radiografía que debería llamar la atención sobre lo que está ocurriendo con el sector agropecuario dominicano.
No se trata simplemente de decir que “el agro está mal”. Los números muestran algo más profundo: el campo ha ido perdiendo peso dentro de la economía, participación en el crédito, espacio relativo en el presupuesto, empleos y, al mismo tiempo, el país aumenta considerablemente sus importaciones agropecuarias.
El primer dato llama poderosamente la atención. La participación del sector agropecuario en el PIB pasó de 8.4% en 1996-2000 a 4.3% en 2021-2025.
La tendencia ha sido prácticamente continua: 8.4%, 7.3%, 6.1%, 5.7%, 4.7% y finalmente 4.3%.
Esto no quiere decir que la agricultura haya dejado de crecer en términos absolutos. De hecho, el propio Banco Central reportó un crecimiento de 3.7% del sector agropecuario en 2025. Lo que sí revela es que el campo ha perdido peso frente a otras actividades de la economía.
Y el problema se hace más serio cuando miramos el financiamiento.
La participación del agro en el crédito privado pasó, según las cifras utilizadas, de 5.3% en 2013 a 2.1% en enero-marzo de 2026. Mientras el crédito privado total creció 2.6% real, el crédito agropecuario registró una variación de -7.4%.
Un sector que necesita modernizarse, incorporar tecnología, mejorar el riego, mecanizarse y elevar su productividad no puede hacerlo con cada vez menos acceso relativo al financiamiento.
A esto se suma el comportamiento del gasto público.
El gasto ejecutado del Ministerio de Agricultura como proporción del gasto total del Estado pasó de 2.4% en 2013 a 1.1% en 2026. Y el fomento a la producción agrícola pasó de representar 26% del gasto de Agricultura en 2020 a 13% en 2025. La asistencia y transferencia tecnológica también cayó, de 1.7% a 0.3%.
Aquí no basta con preguntar cuánto dinero recibe Agricultura. Hay que preguntar cuánto de ese dinero está llegando a aumentar la capacidad de producir.
Porque mientras el campo pierde peso y financiamiento, las importaciones agropecuarias y agroindustriales aumentaron 78.49% entre 2019 y 2025, pasando de unos US$3,131 millones a US$5,588 millones.
No todas las importaciones son malas ni mucho menos. Un país necesita importar determinados alimentos, insumos y productos que no produce competitivamente. Pero cuando las importaciones crecen de esa manera, mientras la producción nacional pierde participación, la pregunta es inevitable: ¿estamos complementando nuestra producción o sustituyéndola?
El empleo ofrece otra señal de preocupación.
Según las cifras analizadas, el sector agropecuario perdió 84,292 ocupados, una reducción de 20.7%.
Pero hay un dato todavía más delicado: el empleo formal cayó de 57,969 en 2019 a 37,616 en 2026, una reducción de 35.1%, equivalente a 20,353 empleos formales menos.
La formalidad dentro del sector pasó de 14.2% a 11.7%.
Es decir, el problema no es solamente que haya menos personas trabajando en el campo. También preocupa que una proporción cada vez menor lo haga bajo condiciones de formalidad.
Y aquí es donde aparece la discusión sobre la deuda.
Endeudarse no es malo por definición. Lo importante es para qué se toma prestado.
Una deuda utilizada para construir infraestructura productiva, mejorar el riego, incorporar tecnología, fortalecer la logística o aumentar la productividad puede generar capacidad económica para el futuro.
Pero si la deuda se utiliza fundamentalmente para sostener el consumo, mientras la capacidad productiva pierde financiamiento y apoyo, aparece una contradicción que no podemos ignorar:
financiamos el consumo de hoy mientras debilitamos la capacidad de producir mañana.
La secuencia es sencilla:
menos producción, más importaciones; más importaciones, mayor dependencia; y mayor dependencia, mayor necesidad de recursos para sostener el consumo.
Ese es el verdadero punto de este debate.
La República Dominicana puede crecer, como efectivamente ha ocurrido, y al mismo tiempo tener un problema estructural en su sector agropecuario.
Por eso, la discusión no debe ser solamente cuánto se gastó en Agricultura.
La pregunta de fondo es otra:
¿Estamos invirtiendo lo suficiente para que el país pueda producir mañana los alimentos, los empleos y la riqueza que necesitará?
Porque un país puede importar para complementar su producción.
Lo que no debería hacer es acostumbrarse a importar aquello que podría estar produciendo con mayor productividad, tecnología, financiamiento e inversión.
La deuda puede ser una herramienta para desarrollar el país cuando crea capacidad productiva. Cuando simplemente sustituye lo que dejamos de producir, corre el riesgo de convertirse en financiamiento de la dependencia.
Y esa es la advertencia que dejan estos números:
No podemos financiar el consumo de hoy mientras desfinanciamos la capacidad de producir la comida de mañana.!!!
𝓗𝓪𝓼𝓽𝓪 𝓾𝓷𝓪 𝓹𝓻ó𝔁𝓲𝓶𝓪 𝓮𝓷𝓽𝓻𝓮𝓰𝓪, 𝓼𝓲 𝓓𝓲𝓸𝓼 𝓵𝓸 𝓹𝓮𝓻𝓶𝓲𝓽𝓮. !!!
𝓜𝓪𝓷𝓾𝓮𝓵 𝓑𝓻𝓲𝓽𝓸
𝑨𝒃𝒐𝒈𝒂𝒅𝒐/Periodista
𝑻𝒊𝒕𝒖𝒍𝒂𝒓 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝑺𝒆𝒄𝒓𝒆𝒕𝒂𝒓í𝒂 𝒅e 𝑨𝒆𝒓𝒐𝒏á𝒖𝒕𝒊𝒄𝒂 𝑪𝒊𝒗𝒊𝒍 de la FP