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Serpientes, ratas y el circo de Dío Astacio en Santo Domingo Este

Opinión. Wednesday, 02 de September, 2026

El alcalde de Santo Domingo Este montó un espectáculo de pésimo gusto. Con el despliegue de su habitual aparato mediático, su equipo de prensa hizo circular una nota grandilocuente que parecía anunciar una proeza épica: «El alcalde Dío Astacio encabezó un operativo para retirar una gran serpiente». La realidad, sin embargo, desnuda la verdadera dimensión del circo.

Fuentes del propio ayuntamiento revelan la intrahistoria de la comedia: desde las ocho de la mañana, empleados de la distribuidora Edeeste habían detectado el reptil en una caja de contadores. Pero no lo retiraron. La orden desde la alcaldía fue que debían esperar al alcalde. Pasado el mediodía hizo su entrada el ejecutivo municipal, calzado con un casco rojo de bombero a modo de disfraz y teléfono en mano, exhibiendo esa febril vocación de influencer que tanto lo caracteriza. Miraba la escena con pose dramática mientras, al final, un bombero de verdad sacaba de la caja a la inofensiva criatura.

El remate de la función vino cuando el bombero exhibió al animal en la mano. Entre los curiosos, alguien sugirió que el bulto en el cuerpo del reptil parecía un huevo; otro corrigió al instante advirtiendo que era un ratón tragado. En el video del hecho se escucha con claridad una voz de inconfundible timbre de Astacio sentenciando el diagnóstico de: «eso lo que debe tener es ratones». El propio alcalde, en su afán de fungir como experto en zoología de ocasión, terminó admitiendo sin querer la dolorosa verdad de que él mismo está consciente de que el municipio que administra está inundado de roedores.

Resulta evidente que el ejecutivo municipal convirtió un episodio insignificante en un reality show para desviar la atención de los graves desatinos de su gestión. Pero el tiro le salió por la culata. El montaje solo sirvió para confirmar lo que los munícipes sufren a diario y que Santo Domingo Este se está convirtiendo en un gigantesco criadero de ratas y en un vertedero a cielo abierto.

Durante más de dos décadas, las serpientes fueron desapareciendo del paisaje urbano. A medida que el municipio se urbanizaba, la boa de la Hispaniola, el conocido y bien ponderado «culebrón» fue replegándose hacia los montes, lejos del bullicio del tránsito y de la presencia humana. Sin embargo, en los últimos veinte meses, la historia dio un giro insólito. Los vecinos, atónitos, ven aparecer con frecuencia estos reptiles en plenas zonas residenciales.

La explicación no requiere magia, sino ecología elemental. Expertos medioambientales coinciden de manera unánime: la proliferación descontrolada de roedores, provocada por el deficiente manejo de los residuos sólidos y la acumulación de basura en contenedores mal gestionados, es el verdadero motor que atrae al culebrón a la ciudad.

En cierto modo, la naturaleza no hace más que reaccionar ante la inmundicia. El culebrón actúa como un control biológico natural frente a la plaga de ratas. Cuando un depredador olfatea un «banquete» en territorio habitado, rompe su aislamiento; la comida fácil supera el miedo al ser humano. A esto se suma la ley de la supervivencia: a mayor abundancia de roedores, mayor es la tasa de supervivencia de las crías de serpiente, multiplicando su presencia en las calles.

En definitiva, las serpientes no están llegando a Santo Domingo Este por casualidad ni por heroísmo municipal. Están llegando porque la mugre las convoca. Mientras la alcaldía insista en gobernar para la cámara y los likes, las ratas seguirán de fiesta y los culebrones continuarán haciéndoles el trabajo de limpieza que las autoridades no saben ejecutar


Por Frankely De Jesús