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Si lo de Jarabacoa es cierto alguien en la FP juega para el PRM

Opinión. Thursday, 22 de October, 2026

El análisis político en la República Dominicana rara vez permite el lujo de la ingenuidad. Quienes hemos observado desde la acera interna de la política y el comportamiento de nuestras parcelas partidarias, sabemos que en la política dominicana los «deslices de logística» no existen. Lo ocurrido en Jarabacoa y denunciado con firmeza por el comunicador Jaime Rincón no es una simple anécdota de protocolo ni un error de comisión organizadora; es un episodio con hedor a conspiración.

Que al senador Omar Fernández la figura de mayor proyección, fresco arrastre electoral y peso político dentro de la Fuerza del Pueblo se le impidiera el acceso a un acto encabezado por su propio padre, Leonel Fernández, bajo el burdo e infantil pretexto de un «aforo completo», es una afrenta que desborda el límite de lo tolerable. Omar no acudía a Jarabacoa como un espectador más: asistía a juramentar a un regidor conquistado desde las filas del PRM, una pieza sumada al tablero opositor gracias a su propia gestión. Humillar de esa manera al dirigente más potable de la organización, en la puerta misma donde su líder nacional levantaría los brazos de los nuevos militantes, deja al descubierto una grieta peligrosa.
Y aquí es donde debemos colocar el dedo en la llaga sin ambages ni cortapisas porque de ser cierta esta trama, resulta ineludible concluir que alguien de mucho peso dentro de la cúpula de la Fuerza del Pueblo está maniobrando en abierta complicidad con el gobierno para garantizar que ese partido no gane en el 2028.

No hay otra lectura lógica. Hay sectores internos que parecen preferir la comodidad de la derrota o los pactos bajo la mesa con el oficialismo antes que atestiguar el avance de un liderazgo renovador que amenace sus tradicionales parcelas de influencia. El celo generacional y la miopía política de algunos dinosaurios de la organización los lleva a serruchársele el piso al único motor real capaz de impulsar el barco de Leonel Fernández de regreso al Palacio Nacional.

Omar Fernández demostró en la plaza más compleja del país, el Distrito Nacional, que su figura trasciende el voto duro del leonelismo, conectando de manera orgánica con la clase media, los sectores independientes y la juventud. Si la Fuerza del Pueblo lo aparta, lo arrincona o permite que grupúsculos internos lo maltraten, sus posibilidades electorales para el 2028 serán sencillamente nulas.
Leonel Fernández se encuentra ante un dilema ético y estratégico determinante. Si el tres veces presidente de la República abriga el deseo real de volver a gobernar los destinos de la nación, debe enviar un mensaje inequívoco a la sociedad. No se puede pregonar un proyecto de país para las nuevas generaciones mientras en la puerta de los actos partidarios se le cierra el paso a la juventud brillante. Para que el electorado crea que en un eventual gobierno suyo habrá oportunidades reales para los jóvenes, el ejemplo tiene que empezar de forma drástica por casa.

El espectáculo de Jarabacoa deja, además, una lección aterradora para la militancia de a pie. Si la propia cúpula y los organizadores de turno son capaces de someter a una humillación pública al senador de la capital e hijo del líder supremo, ¿qué puede esperar el dirigente de base, el militante del barrio que se quema la piel en las calles? La respuesta es el desamparo absoluto.
¿Será que hay caballos de troya que ven mejor negocio mantener al PRM en el poder a que su propio partido gane?
Leonel tiene la palabra y el mando: o le pone freno de mano a los conspiradores que operan desde dentro para el beneficio del Palacio de la Doctor Delgado, o verá cómo el entusiasmo de su partido se disipa en las brasas de la mezquindad interna.


Por Isaura Estévez