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Cuando la tarjeta sustituye al salario

Opinión. Friday, 25 de September, 2026

CUANDO EL SALARIO NO ALCANZA, LA TARJETA SE CONVIERTE EN EL INGRESO AUXILIAR

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Esta es una historia triste y desgarradora para las familias trabajadoras de menos ingresos, que cuando el salario no alcanza para cubrir el costo de la vida, la tarjeta de crédito comienza a funcionar como un ingreso auxiliar. No porque la tarjeta genere riqueza —no la genera—, sino porque permite adelantar hoy el consumo que el salario ya no puede sostener por sí solo. Y cuando esa práctica deja de ser excepcional y se convierte en una forma habitual de llegar a fin de mes, deja de ser solamente un asunto financiero: se convierte en una señal de presión sobre el ingreso de los hogares.
Los números aquí son los ofrecidos oficiales por las entidades autorizadas correspondientes del Estado dominicano como son el Banco Central, la Superintendencia de Bancos y otras que nos han ayudado a entender la dimensión del problema. Un salario cotizable promedio de RD$37,525, frente a una canasta familiar promedio de RD$48,542, deja una brecha de más de RD$11,000 antes de cubrir otros compromisos esenciales. Es decir, incluso para un trabajador formal promedio, el ingreso y el costo de la vida no necesariamente caminan al mismo ritmo.
La situación adquiere mayor importancia cuando se observa quién está recurriendo al crédito. Un análisis publicado en 2026 señala que el 63.1% de las nuevas tarjetas de crédito se concentró en personas con ingresos inferiores a RD$32,500 mensuales. Esto significa que el crédito no está creciendo únicamente como instrumento para financiar grandes consumos; también está penetrando con fuerza en sectores cuyos ingresos tienen menor capacidad para absorber aumentos sostenidos del costo de la vida.
Y aparece entonces una paradoja: mientras menor es el ingreso, mayor puede ser la dependencia del endeudamiento con tarjeta. El crédito resuelve el problema inmediato, pero traslada parte del problema hacia el mes siguiente. La familia compra hoy lo que necesita, pero mañana debe pagar esa compra con un salario que seguirá enfrentando los mismos precios, más los compromisos financieros acumulados.
Mientras tanto, la inflación continúa ejerciendo presión. En agosto de 2026, la inflación interanual se situó en 5.13%, por encima del centro de la meta de 4% del Banco Central, aunque dentro de su rango objetivo de ±1%. Esto es importante porque la inflación no se siente como una estadística: se siente cada vez que el mismo dinero compra menos alimentos, transporte, servicios, vivienda o cualquier otro gasto cotidiano.
La canasta familiar también ha continuado aumentando en los distintos niveles de ingreso. En mayo de 2026 alcanzó RD$49,268.36 para el promedio nacional, con incrementos en todos los quintiles. Y aquí está uno de los puntos más sensibles: cuando los precios de bienes y servicios esenciales aumentan de manera persistente, los hogares de menores ingresos tienen menos margen para sustituir, posponer o reducir esos gastos.
Es cierto que los salarios mínimos del sector privado no sectorizado han aumentado. En febrero de 2026 entró en vigor el segundo tramo de un incremento nominal acumulado de 20% entre febrero de 2025 y febrero de 2026: RD$29,988 para grandes empresas, RD$27,489.60 para medianas, RD$18,421.20 para pequeñas y RD$16,993.20 para microempresas. Ese aumento constituye un dato que debe reconocerse, pero también obliga a formular una pregunta más profunda: ¿cuánto de ese aumento salarial permanece realmente en el bolsillo después de pagar el nuevo costo de vivir?
Porque el problema no se resuelve mirando solamente cuánto aumenta el salario nominal. Hay que mirar cuánto aumenta la capacidad real de compra. Si el salario sube, pero simultáneamente suben alimentos, transporte, vivienda, electricidad, educación, servicios y otros gastos esenciales, una parte importante del aumento puede terminar absorbida por el costo de la vida.
A esto se suma el crecimiento del empleo y de otras fuentes de ingreso que han ayudado a sostener el consumo. El Banco Central reportó 5,271,005 personas ocupadas entre abril y junio de 2026, con un aumento neto de 147,456 empleos. Las remesas también mantienen un peso significativo: entre enero y agosto de 2026 alcanzaron US$8,432.7 millones, un crecimiento interanual de 6.5%. Pero incluso con esos indicadores favorables, queda pendiente la pregunta central: ¿por qué una parte creciente de las familias necesita recurrir al crédito para completar su presupuesto?
La respuesta no puede reducirse a decir que existe “irresponsabilidad financiera de la gente”. Hay hogares que se endeudan por consumo discrecional, pero también hay familias que utilizan la tarjeta para comprar alimentos, pagar servicios, cubrir una emergencia, financiar medicamentos, transporte o resolver gastos que el ingreso mensual no logra cubrir. En esos casos, la tarjeta deja de ser simplemente un instrumento de conveniencia y comienza a convertirse en una extensión del salario.
LA BRECHA QUE EL DISCURSO NO PUEDE TAPAR
Los números no mienten, aunque la narrativa oficial intente maquillarlos. El dominicano ya no usa la tarjeta de crédito para darse un gusto. La usa para sobrevivir.
EL CRÉDITO DEPREDADOR: PRESTARLE AL QUE MENOS PUEDE PAGAR
Aquí está la trampa más cruel del modelo. Según los reportes de la Superintendencia de Bancos, los dominicanos adeudan más de RD$128,900 millones en tarjetas de crédito personales, un aumento de 9.5% en un año, RD$11,138 millones más. Más de 2.04 millones de personas atrapadas y 111 mil nuevos deudores solo en el último año.
¿A quién le estamos prestando? El 62% de los nuevos créditos fue a gente que gana menos de 32 mil pesos. Y a los que ganan entre 0 y 12 mil pesos, su deuda promedio es 4.8 veces su ingreso y su límite de crédito es 17.5 veces su salario. En español dominicano: a un trabajador que gana 12 mil, le dan una tarjeta de 210 mil para que complete la compra. Eso no es inclusión financiera. Es crédito depredador avalado por el sistema. Es un salvavidas envenenado.
El dominicano cobra, paga la tarjeta y vuelve a usar la tarjeta para llegar al próximo cobro. Una economía del “pagando el mínimo”, pagando 25% de interés al año para poder comer. Eso no genera riqueza. Genera ansiedad y pobreza futura.
EL MAPA DE LA POBREZA TARJETEADA
Esto no es parejo en el territorio. Duele más donde menos hay. Las provincias que más aumentaron su consumo con tarjetas son Independencia con 250.08%, El Seibo 11.17%, Monte Plata 10.37%, Elías Piña y Pedernales. Las más pobres, las más olvidadas, son las que más recurren al plástico para subsistir.
LA VERDAD POLÍTICA
El Gobierno puede hablar de crecimiento macroeconómico y de estabilidad. Pero si el ciudadano común tiene que usar la tarjeta al 25% anual para comer, la macroeconomía no le sirve al pueblo. No hay seguridad ciudadana sin seguridad económica. No hay orden sin capacidad de compra. Un joven en Sabana Perdida, en Guaricanos o en Villa Mella que gana 18 mil pesos, paga 8 mil de pasaje y tiene que aportar 15 mil en su casa, está condenado al tarjetazo.
El crédito puede esconder temporalmente la insuficiencia del ingreso, pero no puede resolverla permanentemente. Una economía que sostiene el consumo a base de préstamos está resistiendo, no creciendo. Y resistir no es gobernar. Por eso este artículo no es contra la tarjeta. Es contra el modelo agotado y fracasado que obliga al dominicano a vivir de ella.
CUANDO LA TARJETA EMPIEZA A COMPLETAR EL SALARIO, EL PROBLEMA YA NO ES EL CRÉDITO: ES EL INGRESO. Y CUANDO EL INGRESO NO ALCANZA, EL QUE FALLÓ ES EL MODELO.
¡JAMÁS permitiremos que la tarjeta sustituya al salario como forma de vivir!
Porque, como muy bien y oportunamente dice una de las mejores economistas de la República Dominicana, la narrativa económica puede distorsionar la realidad, pero los riesgos que enfrenta la sociedad son concretos y medibles. Estos riesgos se agravan cuando las políticas públicas son inoportunas, insuficientes o desacertadas, porque terminan profundizando problemas que afectan directamente la economía y el bienestar de la población.
El autor es analista y MA
𝓗𝓪𝓼𝓽𝓪 𝓾𝓷𝓪 𝓹𝓻ó𝔁𝓲𝓶𝓪 𝓮𝓷𝓽𝓻𝓮𝓰𝓪, 𝓼𝓲 𝓓𝓲𝓸𝓼 𝓵𝓸 𝓹𝓮𝓻𝓶𝓲𝓽𝓮.

𝓜𝓪𝓷𝓾𝓮𝓵 𝓑𝓻𝓲𝓽𝓸
𝑨𝒃𝒐𝒈𝒂𝒅𝒐/*Periodista*
𝑻𝒊𝒕𝒖𝒍𝒂𝒓 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝑺𝒆𝒄𝒓𝒆𝒕𝒂𝒓í𝒂 𝒅e 𝑨𝒆𝒓𝒐𝒏á𝒖𝒕𝒊𝒄𝒂 𝑪𝒊𝒗𝒊𝒍