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La IA y la nueva métrica del valor público

Opinión. Wednesday, 05 de August, 2026

Las políticas públicas son los planos invisibles sobre los que se cimenta el desarrollo de una nación. Cuando el diseño es correcto, los resultados se sienten de forma tangible en la piel de la sociedad. Así las cosas, una buena política de salud desploma las tasas de mortalidad y eleva la esperanza de vida; una estrategia robusta para las Pymes incrementa la formalidad y genera empleo de calidad. Las políticas públicas son el vehículo más idóneo para transformar instrucciones en realidades.

Sin embargo, el plano más crítico de cualquier sociedad es su educación, que en nuestro contexto dominicano articulamos de manera estratégica entre lo preuniversitario y lo universitario. Hoy, ese plano enfrenta un cambio de vértigo global acelerado por la inteligencia artificial. Mantener un currículo estático en esta era es diseñar deliberadamente para el pasado.

Esta transformación no es una simple intención, es una realidad que ya se vive en otros países. Un informe reciente de Forbes revela que China acaba de eliminar 12,200 programas universitarios tradicionales por considerarlos obsoletos, reemplazándolos de inmediato con más de 10,000 nuevas carreras enfocadas en inteligencia artificial, robótica y manufactura avanzada. Un rediseño que altera el 30 % de su oferta académica nacional con un solo objetivo: asegurar que su fuerza laboral no intente competir contra la tecnología, sino dirigirla.

En la República Dominicana el desafío es impostergable. La educación superior necesita renovar su currículum y acelerar su integración con las herramientas de IA que supongan mayor preponderancia en el mercado laboral, pues, como hemos dicho, la educación tiene que convertirse en un eje transversal para el cumplimiento de las políticas públicas que se ejecutan desde la administración del Estado.

Adaptar nuestro sistema educativo a esta realidad es una acción cuasi axiomática para generar valor público. La riqueza y competitividad de una nación ya no dependerán de sumar más horas de trabajo manual o administrativo, sino de elevar drásticamente el valor agregado por cada hora gracias a la tecnología. Cuando logramos que nuestros profesionales dominen estas herramientas desde las aulas, multiplicamos la eficiencia de todo el aparato productivo y estatal. Los procesos que antes devoraban semanas de burocracia, esfuerzo operativo o análisis documental, ahora se resuelven con agilidad.

En fin, el valor público de la era digital se mide en tiempo, competitividad y capacidad de respuesta ante el ciudadano.
Modernizar el currículo dominicano bajo criterios de vanguardia global no es un capricho para estar a la moda del mundo tecnológico ni un debate académico; es la vía más certera para que el futuro no nos encuentre desarmados.


Por Mihail García

Administrador de empresas y dirigente político