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Si necesitas vacaciones para soportar tu trabajo, algo no está bien

Opinión. Monday, 24 de August, 2026

Por: Jeffrey Medina

Esperamos meses por las vacaciones pensando que finalmente podremos dormir más, viajar, desconectarnos de los correos, olvidar las reuniones pendientes o simplemente levantarnos sin sentir la presión de comenzar otra jornada laboral. Después de varios días fuera del trabajo parece que la energía regresa, disminuye la tensión acumulada, incluso comenzamos a sentir que aquel agotamiento que arrastrábamos finalmente desapareció. Sin embargo, llega el momento de regresar, abrimos nuevamente el correo, encontramos decenas de pendientes, reaparecen las reuniones, los indicadores, las jornadas prolongadas, la presión constante, entonces bastan pocos días para volver a sentirnos exactamente como antes de salir.

La ciencia lleva años estudiando este fenómeno. Investigaciones realizadas por Westman, Eden, De Bloom, Sonnentag, entre otros especialistas, han demostrado que las vacaciones producen efectos positivos sobre el bienestar, reducen temporalmente el estrés, además de favorecer la recuperación física o psicológica. El problema es que esos beneficios pueden desaparecer rápidamente cuando el trabajador regresa a las mismas condiciones que provocaron el agotamiento. A este fenómeno se le conoce como efecto de desvanecimiento: descansamos, recuperamos parte de nuestros recursos, pero volvemos a exponernos al mismo entorno que los consumió.

Por eso debemos comenzar a cuestionar una práctica demasiado normalizada dentro de las organizaciones: utilizar las vacaciones como si fueran el tratamiento para el agotamiento laboral. Una persona puede descansar durante diez, quince o veinte días, pero si al regresar encuentra nuevamente una carga excesiva, jornadas interminables, presión constante, falta de autonomía, escaso reconocimiento o un liderazgo incapaz de gestionar adecuadamente las demandas del equipo, probablemente el cansancio reaparecerá. Las vacaciones pueden aliviar las consecuencias, pero difícilmente podrán corregir las causas.

Incluso la forma en que administramos las vacaciones puede convertirse en otro problema. Muchos colaboradores trabajan con mayor intensidad durante los días previos intentando “dejar todo listo”, permanecen conectados durante el descanso para responder mensajes o resolver situaciones, luego regresan encontrando una acumulación de tareas que los obliga nuevamente a acelerar. Bajo esas condiciones, el trabajador salió físicamente de la oficina, pero nunca logró desconectarse mentalmente del trabajo, limitando considerablemente el efecto reparador que debería producir ese periodo.

Desde la Seguridad y Salud en el Trabajo, esta realidad obliga a mirar más allá del individuo. Cuando una persona regresa de vacaciones e inmediatamente vuelve a sentirse exhausta, quizás la pregunta no debería ser por qué no descansó suficiente, sino qué está ocurriendo dentro de la organización. Evaluar los riesgos psicosociales implica revisar cargas de trabajo, ritmos, jornadas, liderazgo, autonomía, reconocimiento, claridad de funciones, disponibilidad permanente, además de las oportunidades reales que tienen los colaboradores para recuperarse durante todo el año.

Las vacaciones son necesarias, constituyen un derecho fundamental para la recuperación, pero ninguna organización debería necesitar que sus trabajadores desaparezcan durante varias semanas para poder recuperarse del trabajo que realizan. Si después de descansar regresamos al mismo sistema que nos agotó, tarde o temprano volveremos al mismo punto. Quizás entonces el problema nunca fueron las vacaciones que necesitábamos, sino las condiciones laborales de las que necesitábamos escapar.