Opinión. Martes, 28 de Abril, 2026
Cuando la realidad se niega a cuadrar con el discurso, la política recurre al adorno. El reciente informe de rendición de cuentas de la actual administración en Santo Domingo Este no es la excepción; es una pieza de oratoria diseñada para el aplauso, pero que, al contrastarla con la fría aritmética de los informes trimestrales y la ausencia de planificación estratégica, se desmorona como un castillo de naipes.
He sostenido anteriormente que gobernar no es un ejercicio de relaciones públicas, y lo advertí claramente en mi artículo «Dío y sus promesas», donde señalé que la brecha entre la palabra empeñada y la acción municipal no es un accidente, sino una constante. Estamos ante una gestión que prioriza la narrativa sobre la ejecución, vendiendo una «nueva era» que, al escrutar los datos, carece de fundamento y originalidad.
Esta falta de visión técnica no es un fenómeno aislado; es el sello distintivo de una administración que prefiere la improvisación a la planificación. Ya lo pude deplorar al analizar la colocación de policías acostados en la Carretera Mella, donde quedó en evidencia la ausencia de estudios viales y una gobernanza reactiva que resuelve problemas puntuales sin entender el impacto sistémico. Esa misma falta de rigor es la que hoy inunda el informe de rendición de cuentas. Si nos internamos en el portal institucional, la decepción es inmediata: en el apartado de proyectos, no hay una sola iniciativa que hable de una visión propia; lo que encontramos es un viaje al pasado, pues solo hay proyectos de la gestión anterior. Es la prueba fehaciente de la falta de ideas, de una gestión que promete un futuro que no ha sido capaz de diseñar.
Al revisar el Plan Operativo Anual (POA), la situación es aún más desoladora. Lejos de ser el documento de transformación que el municipio requiere, el POA no es más que un catálogo de supervivencia: remozamiento, limpieza y mantenimiento correctivo. No hay una sola apuesta por la innovación estructural, solo la gestión de la rutina bajo la excusa de un plan estratégico que ya expiró. La administración se escuda, convenientemente, en un Plan Municipal de Desarrollo (PMD) 2015-2025 que ya feneció, operando sin una brújula propia para el periodo 2024-2028. Y por si fuera poco, nos venden el proyecto SISDRAP como una pieza «novedosa» y revolucionara, pero cuando intentamos encontrar una explicación técnica, un manual, o siquiera una justificación transparente de su funcionamiento en su página web, nos topamos con un vacío absoluto. El SISDRAP es, hasta ahora, una caja negra, un nombre vacío utilizado para revestir de modernidad una gestión que, en la práctica, es analógica y opaca.
La supuesta solidez financiera también se desploma al mirar los números. Es inaceptable que una gestión proyecte ingresos que sabe que no recibirá para justificar un presupuesto que, en la práctica, termina siendo una ficción contable, arrastrando un déficit de recaudación del 38% que esconden bajo un manto de cifras infladas. La ausencia de un plan actualizado, sumada a la omisión deliberada del Consejo de Desarrollo Municipal —un mandato legal en la Ley 176-07— confirma que el ayuntamiento camina a ciegas, legislando de espaldas a la ciudadanía.
Santo Domingo Este merece más que un «show» de luces, notas de prensa y promesas que se diluyen en el tiempo. La ciudadanía no come cuentos y, a juzgar por la falta de transparencia en sus proyectos, la carencia de un plan propio y la debilidad de sus estados financieros, a esta gestión le quedan muy pocas cuentas que puedan soportar un escrutinio serio. La verdadera rendición de cuentas no se hace en un atril frente a cámaras, sino en la coherencia entre lo que se promete y lo que, finalmente, se ejecuta con rigor técnico. Hasta ahora, el balance no solo es decepcionante, es una muestra clara de una administración que ha confundido el ejercicio del poder con el arte de la ficción.